Después del horripilante partido que el CB Murcia perdió contra el Zenit en el Palacio, en un ambiente enrarecido y con un horario que fue en sí mismo un insulto al equipo, a los jugadores y a la afición, me tropecé por Twitter con alguien que decía algo así como "que no se nos olvide que somos el CB Murcia".
A mí no se me olvida, pero estoy seguro de que el ánimo que inspiró al autor de dicho tuit es totalmente el opuesto al mío. Somos el CB Murcia, cierto: un equipo humilde y luchador que las ha pasado de todos los colores, que nunca ha manejado grandes presupuestos pero que siempre lo ha dado todo sobre la pista. Un equipo que, cuando nadie daba un duro por él, cuando todo se ponía en contra, sacaba fuerzas de flaqueza y nos dejaba boquiabiertos. Un equipo al que su afición siempre ha apoyado; sí, siempre que sobre la pista se vea entrega y honestidad. Pero claro, si sobre la pista lo que se ve es pasividad, o si en el palco lo que hay son soberbios profesionales de los negocios que no respetan a los abonados, ni a los aficionados, ni al propio club ni a su identidad, su pasado y su futuro, la gente estalla. Normal.
Los que no toleran la crítica, los acostumbrados al ordeno y mando, a la adulación y a las alfombras rojas, y los que quieren imponer su visión y su opinión sobre la de los demás, hablan como ha hablado el presidente y dueño de la Universidad Católica San Antonio (de Murcia), José Luis Mendoza, que se ha despachado en Onda Regional diciendo tantas cosas que cuesta responderlas de una en una.
-A los insultos que ha dedicado a la afición (a los que empezaron a corear el nombre de Fotis Katsikaris los ha calificado de "energúmenos" de "baja catadura moral", y al resto, "borregos"), se le puede contestar fácilmente: es una falta de educación impropia de una persona que ocupa un cargo de responsabilidad y que está expuesto a los micrófonos y a las cámaras. Ha dicho también que esos gritos hacen daño a los jugadores y al equipo, y eso no lo discuto. A mí no me gustaron. Ahora bien, creo que hace infinitamente más daño a los jugadores y al club tener un presidente que se expresa de ese modo.
-Mendoza ha hablado sobre la propiedad del CB Murcia. Afirma que el club es suyo y que por eso pone el horario que le sale de las narices (luego ha mareado la perdiz diciendo que los horarios se los imponen... Pero al final ha reconocido que lo hizo para que sus amigos pudieran ver el partido de baloncesto y el de fútbol, que se jugaba esa misma noche). ¿De quién es el CB Murcia? El CB Murcia es mío, de mis hijas, de todos los que acuden al Palacio, de aquellos que acudíamos al Príncipe de Asturias hace tres décadas y de los que no han ido jamás pero pagan sus impuestos en Murcia. Este equipo es de Murcia, y ahí reside uno de los errores de apreciación de éste y de otros propietarios legales de equipos deportivos: esos equipos no son empresas, son sentimientos. El CB Murcia es nuestro porque lo queremos con el corazón, además de que también recibe dinero público sacado de nuestro bolsillo. Un empresario no puede llegar, comprar un equipo que ya existía (que tiene su escudo, sus colores, su historia) y hacer con él lo que le salga de las pelotas. Las cosas no funcionan así.
-Mendoza se queja de que la afición no anima al equipo diciendo "UCAM". Bien, por mi parte reconozco que llevo dos años y medio hablando de baloncesto en la SER y jamás lo he llamado UCAM. Tampoco lo hago en mi vida y mis conversaciones privadas, pero añado que desde que Juver salió del club, nunca lo he llamado de otro modo que no fuera CB Murcia. Ni con Recreativos Orenes, ni con Polaris... Los del Real Madrid no corean "¡Fly Emirates!" cuando quieren animar a los suyos, y tampoco esa compañía se ha planteado cambiar el escudo del equipo merengue. Y repito algo que ya dije muchas veces cuando la UCAM laminó el escudo del Club Baloncesto Murcia: los aficionados del Real Madrid o del Barça no quieren más a su equipo que yo al CB Murcia, y si nadie se plantea eliminar los escudos de esos clubes, ¿por qué he de aguantar que eliminen el del mío?
-Mendoza ha hablado de dinero, de los millones de euros que ha puesto en este equipo. ¿Hablamos de dinero? Me gustaría saber cuál es el presupuesto real del equipo, cuánto se ha gastado en personal de administración, en el cuerpo técnico, en la plantilla, en la cantera, en los sueldos de los directivos... Y me gustaría saber cuánto dinero ha obtenido del traspaso y venta de jugadores, de derechos de televisión, de venta de abonos y de entradas... En definitiva, quisiera transparencia en las cuentas de un equipo deportivo profesional que representa a Murcia y que recibe subvenciones. Además, le digo a Mendoza que si pensaba que de la gestión de un club deportivo profesional iba obtener dinero, si esperaba que fuera "rentable" como pueda serlo una máquina de 'vending', fue un ignorante. Las vallas publicitarias no tiran dinero en efectivo sobre aquellos que las usan para anunciarse. La inversión en publicidad es eso, publicidad, imagen. Su rentabilidad se mide de otro modo. También quisiera que diera cifras de cómo ha influido en su negocio la apuesta que ha hecho por el deporte, una apuesta que admiro, valoro y creo muy acertada. Lástima que tire su imagen por tierra cada vez que abre la boca. A ver si el principal anti-UCAM es él mismo.
-Mendoza ha cargado contra Fotis Katsikaris, como también se cargó en su día contra Diego Ocampo. Pero, amigo, resulta que son los dos entrenadores que han llevado a este club a sus cotas clasificatorias más altas. Sucede en esto como en el asunto del dinero: no tenemos toda la información, nos llega sesgada y seguro que manipulada por los gestores. Uno puede intuir algún tipo de desavenencia personal, pero no se puede demostrar. Todos sabemos que Fotis se despidió del club mediante una carta en la que también citaba a Mendoza y le agradecía la confianza. Y algunos sabemos que Fotis se hubiera quedado si hubiera visto una intención real de que el equipo diera un paso adelante en esta temporada tan importante. Esa intención se tenía que materializar en un mayor presupuesto, pero ya sabemos lo que pasó: el UCAM CF ascendió a 2ª División y desde el propio club se admitió públicamente que el presupuesto se iba a recortar. ¿Así quieres seguir creciendo?
-Mendoza ha dicho que sigue a tope con Quintana. Suponemos que es su apuesta, o la de Gómez, o la de los dos. Y sabemos que su sueldo es bastante más bajo de lo que pudiera cobrar Katsikaris. Ahí tenemos una consecuencia directa y concreta de ese recorte presupuestario -otra sería la marcha de Cabezas-. Y quiero repetir, para que quede claro, que la plantilla me parece muy digna, que en general creo que es mejor a la del año pasado, y que respeto mucho a Quintana. Sencillamente, creo que su fórmula no está funcionando y que este grupo de jugadores necesita la disciplina, el control y el trabajo que impone un entrenador como Katsikaris.
-Y por último, Mendoza ha amenazado con dejar el baloncesto. Yo le adelanto mi opinión: ningún problema. El CB Murcia seguirá existiendo y tengo claro que llegará el día en que vuelva abonarme, y no me importará que sea en LEB o en EBA. No quiero al CB Murcia porque esté en ACB o en Eurocup, lo quiero porque es mi equipo. Yo no trago con cambios de colores o de escudo, o con gestores deportivos soberbios que no admiten errores, que manipulan y hablan mal de aquellos que no les hacemos la pelota. Algunos han saltado ahora con lo del horario del partido contra el Zenit y con el fichaje de Quintana; yo salté con indicios que llegaron hasta mi nariz hace mucho tiempo.
Y acabo como empecé, como decía aquel zagal del tuit: que no se nos olvide que somos el CB Murcia. Claro que no. Por eso yo seguiré viendo los partidos por la tele con mi bufanda roja sobre los hombros y con una libreta sobre la rodilla, para anotar con frialdad algunos apuntes de lo que veo mientras grito calurosas palabras de ánimo a la pantalla. Ahora quisiera que la afición ponga de nuevo la templanza, la categoría y la reflexión que no pone el presidente, y que apoye al Club Baloncesto Murcia en el Palacio desde el minuto 1 hasta el 40, hasta la victoria y hasta la derrota, hasta los playoffs o hasta el descenso. Que no le den los motivos que busca para hacer lo que parece que quiere hacer. Que si lo quiere hacer, que lo haga él solo.
Aúpa CB Murcia siempre.
domingo, 4 de diciembre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
La 'vera icone' de la oligarquía
Verónica Pérez es diputada en el Parlamento de Andalucía y secretaria general del PSOE de Sevilla, según afirman diversas voces acreditadas. Y la voz de esta misma persona, de Verónica Pérez, acreditada o no, se erigió hace muy pocas fechas como "la máxima autoridad" del artista anteriormente conocido como Partido Socialista Obrero Español a las puertas de Ferraz 70, en uno de esos días en los que uno no sabe si está asistiendo a la realidad -"la vida en directo", dicen- o a una tragicomedia cinematográfica con sus guionistas, su claqueta y su "¡cooorten!". ¡¡Berlanga, cuántas veces te hemos mentado y añorado últimamente...!!
A pesar de todo Verónica Pérez, digo, también es una persona, según afirman diversas fuentes; una persona con sus anhelos, sus desvelos y en definitiva, con su vida de persona humana. La mayoría nos hemos enterado de su existencia como persona gracias al (por culpa del) circo que montaron los mal llamados 'críticos' del artista anteriormente conocido como Partido Socialista Obrero Español (en adelante, AACC-PSOE.), pero, insisto, Verónica Pérez existía ya de antes, desde hace 38 años. Yo tengo 39, de modo que vengo existiendo un año más.
Sin entrar en pormenores privados que no nos interesan, me pregunto, ¿cómo ha vivido hasta hoy la que, por unos días, fue la máxima autoridad del AACC-PSOE? De esto nos han llegado interesantes datos a través de un revelador artículo en Sueldos Públicos. Mientras lo leía no he podido evitar (tampoco tenía por qué evitarlo) hacer repaso mental de mi propia trayectoria laboral.
Verónica Pérez ocupa cargos públicos desde 1999, el mismo año en el que un servidor trabajó durante el verano en un Burguer King, tras haber aprobado con bastante solvencia el tercer curso de la licenciatura en Historia del Arte. Con la manutención asegurada por mis padres -siempre gracias, maere y paere-, quise ahorrar para poder comprarme un ciclomotor que costaba 205 mil pesetas, una Suzuki Address gris muy bonita. Sin embargo, la mayoría de mis compañeros en el Burguer King eran mayores que yo y tenían en aquel sueldo su única fuente de ingresos; tenían hijos, responsabilidades, hipotecas. En aquel establecimiento de comida rápida yo cobraba unas 90 mil pesetas al mes -quinientos y pico euros-, de modo que cumplí mi objetivo a mediados de septiembre de 1999.
Un par de años antes de mi incursión en el 'fast food' -'crap food'-, Verónica Pérez ya tenía un cargo orgánico en el AACC-PSOE, partido al que suponemos que se afilió por tener algún tipo de afinidad ideológica y no porque cruzar sus puertas supusiera un medio de vida, como cruzaban las puertas del Burguer King mis compañeros de trabajo en el verano del 99. Cuando Pérez emprendió 'su empresa política' -abandonando sus estudios de Económicas, según otro artículo de La Vanguardia-, yo empecé a trabajar en el campo durante el verano -sin dejar mis estudios de Historia del Arte- con el mismo fin con el que después curré en el Burguer: ahorrar y aligerar mi peso en la familia. Remarco esto porque también en el campo tuve compañeros cuyo único sustento era su salario por fumigar limoneros. Por ejemplo, recuerdo a un argelino muy dicharachero que era licenciado en Derecho, pero que tuvo que dejar su país ante la falta de oportunidades.
Verónica Pérez fue elegida diputada en el Parlamento de Andalucía en 2004. En aquellas fechas yo ya era licenciado en Historia del Arte y también había terminado la diplomatura de Turismo mientras curraba como repartidor de pizza. Luego estuve un año trabajando como recepcionista en un hotel. Cobraba 850 euros al mes y hacía todo tipo de turnos: noches, mañanas y tardes, pero sobre todo noches -desde la medianoche hasta las ocho de la mañana-. Ese año 'pringué' en todos los festivos imaginables, incluyendo Navidad y Año Nuevo. También allí había gente que tenía en el hotel su único sustento, y para mí ya empezaba a serlo. En 2004 me compré un piso y contraje matrimonio con mi novia. Al final tuve tres trabajos en el mismo año: cambié del primer hotel a otro, y luego de ese otro hotel a un museo, donde ejercí como educador y guía.
Desde 2004 hasta hoy, Verónica Pérez ha seguido ocupando cargos públicos y orgánicos, imagino que percibiendo por cada uno de ellos una suculenta retribución. Por mi parte, en este tiempo he tenido muchos empleos en diversos museos, he estudiado Periodismo y he traído al mundo a dos pequeñas personas. En 2014 emprendí un negocio como autónomo, y pude comprobar en mis turgentes carnes todo lo que se dice de esa dolorosa condición en la que se funden la persona y la empresa, con una carga fiscal despiadada y con los relojes como elementos de decoración, porque no existen los horarios.
Según Sueldos Públicos, Verónica Pérez tiene hoy un salario de 40.000 euros netos al año -es decir, tres años y medio de trabajo de quien tenga la suerte de ser mileurista y de tener un contrato tan largo-. Yo jamás he llegado a cobrar al mes ni siquiera el pico del sueldo mensual de Verónica Pérez, pero mi caso, siendo 'el más cercano a mí mismo', es jauja comparado con el de algunos de los compañeros con los que he compartido muchas horas de curro y que tenían historias personales muy duras; compañeros a los que rara vez les faltaba una sonrisa, debo añadir.
Mi caso, insisto una y mil veces, es maravilloso: nunca he cobrado mucho pero tampoco me ha faltado el trabajo. He estudiado lo que he querido, he acumulado muchas experiencias, me he enriquecido día tras día y he tenido tiempo para reírme y para viajar y para tomar cervezas. Además me siento muy afortunado porque más allá de algún que otro susto, no me ha faltado la salud, ni tampoco el amor ni el cariño. Quiero decir que este relato paralelo entre la persona conocida como Verónica Pérez y la mía no está construido ni muchísimo menos desde la envidia; en todo caso, lo está desde la pena. Soy muy afortunado, y creo que las personas que han tenido la trayectoria profesional de Verónica Pérez no lo son tanto.
En alusión a su nombre, la exmáxima autoridad del AACC-PSOE es la Verónica de la casta, la 'vera icone' de la oligarquía; la verdadera imagen de un mundo alejado de la realidad, de una dimensión paralela y supraterrenal desde la que difícilmente se puede gestionar nada pensando en el bien común. Difícilmente se puede gestionar nada, para mejor decir. En todo caso se puede ejercer como peón en una estructura de poder donde el fin y el medio son eso mismo, el poder. Como los dioses de la mitología griega, los oligarcas -los grandes y los de medio pelo- son egoístas y egocéntricos y tienen mucho tiempo libre, tiempo que malgastan en sus cuitas y sus luchas intestinas.
A los que aún nos regimos por los parámetros ideológicos de izquierda y derecha, este tipo de cosas nos dejan muy descolocados. Decimos que la izquierda siempre decepciona porque sobre ella se tienen muchas expectativas y porque sus votantes y militantes son críticos; porque no se tragan cualquier mierda. De otras opciones podemos esperar algo así, pero de un partido que se diga de izquierda, no. El AACC-PSOE está en manos de la oligarquía desde que la socialdemocracia fue seducida por el neoliberalismo de Thatcher y Reagan -no sólo la socialdemocracia española-, y en todos estos años ha dado chispazos de izquierda y rampazos de derecha.
Por eso, el debate que ahora lo está fracturando es sobre todo ideológico y para nada táctico, en contra de lo que afirman sus 'gestores'. Este debate tenía que llegar algún día y por el bien del propio partido. Si el AACC-PSOE quiere ser mejor PSOE de lo que nunca fue, es el momento de que la militancia lo tome y aparte a quienes son capaces de situarse sin rubor ante un micrófono y autodenominarse "la máxima autoridad del PSOE"; que la gente que cree en el socialismo prescinda de la deformación grotesca de la realidad en la que han convertido al PSOE; que sus militantes jubilen a la verdadera imagen de la oligarquía.
Para acabar, un rock dedicado al AACC-PSOE:
miércoles, 31 de agosto de 2016
Terceras elecciones: el plebiscito
Escribo estas letras por no salir al balcón a gritarlas. Por no subirme a una caja de frutas en la esquina de un parque y proclamarlas. Tampoco sé por dónde empezar a analizar la política española que me lleva de cabeza: ¿por la Edad Media? ¿Por Fernando VII? ¿Por la I República, por la II? ¿Por la Transición? ¿Por González, por Aznar, por Zapatero? ¿Por el 15-M? ¿Por la eterna legislatura de Rajoy con sus recortes de derechos, su aumento de la precariedad, su incremento de la desigualdad y la pobreza, sus ataques al medio ambiente, la educación, la sanidad, la ciencia, la dependencia, la memoria histórica y la cultura? ¿Por el nacimiento de Podemos, por los fallidos procesos de confluencia autonómica y municipal? ¿Por la pseudo izquierda nacionalista catalana aliada con la rancia derecha de esa misma comunidad, haciéndole el juego a la derecha españolista del PP y entorpeciendo el cambio que pedimos desde el resto del país? ¿Por el 20-D, por la fallida investidura de Sánchez, por el 26-J? Pues ya se me ha hecho la hora de acabar...
Centro el tiro y digo que después de muchas decepciones con el PSOE, al fin vuelvo a estar orgulloso de la postura de dicho partido. Claro está, me refiero a su determinación de rechazar el apoyo o la abstención en favor del PP; a su inquebrantable decisión de cumplir lo que prometió por encima de las presiones externas y también de las internas, de esas que provienen de sus miembros confundidos, de los que tienen alma de derechas, de los que, acomodados en sus cargos orgánicos, sólo aspiran a dominar al PSOE y a estrellarlo contra las rocas. Ya me parecería un suicidio para los socialistas que facilitaran el gobierno a un PP puro y casto, sólo de derechas, y tras una legislatura plácida y normal de los populares. Mucho menos he de entender y compartir la idea de un PSOE facilitando el gobierno a este PP y en estas circunstancias; al PP de la inabarcable lista de procesos judiciales por supuesta corrupción tras una legislatura de miserias y de recortes injustos y claramente ideológicos.
Pero claro, preguntan: ¿Y cuál es la alternativa? Todos claman contra las hipotéticas terceras elecciones y se rasgan las vestiduras como en un drama griego... Yo clamé contra las segundas, lo recuerdo, pero cometido aquel insulto, ¿qué problema supone votar de nuevo? Los hay que dicen que todo puede acabar igual o incluso con un triunfo del PP por mayoría absoluta. Que nada cambiaría.
Yo tengo una propuesta que resonará en la nada y que parecerá peregrina, pero es la mía: convertir las terceras elecciones en las definitivas haciendo de ellas un plebiscito para el electorado de izquierda. Se trataría de que, en estos dos meses, PSOE y Unidos Podemos aparcaran sus ataques mutuos y redactaran un preacuerdo, una suerte de programa de mínimos a aplicar en la forma en la que se estimara tras las elecciones y en función de quién quedara por delante. No sería una coalición, sino un documento y una intención sometida al juicio de los ciudadanos. Cada partido haría su campaña -se entiende que sin ataques entre ellos-, pero, eso sí, habría que añadir una coda esencial: si la suma de Unidos Podemos y PSOE no alcanzara la mayoría absoluta, se produciría una abstención para facilitar la formación de gobierno del partido más votado, presumiblemente el PP.
De ese modo, entiendo yo, el voto de la gente concedería legitimidad al preacuerdo electoral o, si no alcanzara para eso, daría por justificada y aprobada la abstención para un nuevo y desatado gobierno de derechas. Tal vez entonces se movilice -de una puñetera vez- el electorado de izquierdas y veamos un escenario distinto. Y en cualquier caso, el escenario habría de cambiar por cuanto la postura frente al PP quedaría refrendada por las urnas. Si no, siempre podremos seguir jugando a este juego tan poco divertido.
Centro el tiro y digo que después de muchas decepciones con el PSOE, al fin vuelvo a estar orgulloso de la postura de dicho partido. Claro está, me refiero a su determinación de rechazar el apoyo o la abstención en favor del PP; a su inquebrantable decisión de cumplir lo que prometió por encima de las presiones externas y también de las internas, de esas que provienen de sus miembros confundidos, de los que tienen alma de derechas, de los que, acomodados en sus cargos orgánicos, sólo aspiran a dominar al PSOE y a estrellarlo contra las rocas. Ya me parecería un suicidio para los socialistas que facilitaran el gobierno a un PP puro y casto, sólo de derechas, y tras una legislatura plácida y normal de los populares. Mucho menos he de entender y compartir la idea de un PSOE facilitando el gobierno a este PP y en estas circunstancias; al PP de la inabarcable lista de procesos judiciales por supuesta corrupción tras una legislatura de miserias y de recortes injustos y claramente ideológicos.
Pero claro, preguntan: ¿Y cuál es la alternativa? Todos claman contra las hipotéticas terceras elecciones y se rasgan las vestiduras como en un drama griego... Yo clamé contra las segundas, lo recuerdo, pero cometido aquel insulto, ¿qué problema supone votar de nuevo? Los hay que dicen que todo puede acabar igual o incluso con un triunfo del PP por mayoría absoluta. Que nada cambiaría.
Yo tengo una propuesta que resonará en la nada y que parecerá peregrina, pero es la mía: convertir las terceras elecciones en las definitivas haciendo de ellas un plebiscito para el electorado de izquierda. Se trataría de que, en estos dos meses, PSOE y Unidos Podemos aparcaran sus ataques mutuos y redactaran un preacuerdo, una suerte de programa de mínimos a aplicar en la forma en la que se estimara tras las elecciones y en función de quién quedara por delante. No sería una coalición, sino un documento y una intención sometida al juicio de los ciudadanos. Cada partido haría su campaña -se entiende que sin ataques entre ellos-, pero, eso sí, habría que añadir una coda esencial: si la suma de Unidos Podemos y PSOE no alcanzara la mayoría absoluta, se produciría una abstención para facilitar la formación de gobierno del partido más votado, presumiblemente el PP.
De ese modo, entiendo yo, el voto de la gente concedería legitimidad al preacuerdo electoral o, si no alcanzara para eso, daría por justificada y aprobada la abstención para un nuevo y desatado gobierno de derechas. Tal vez entonces se movilice -de una puñetera vez- el electorado de izquierdas y veamos un escenario distinto. Y en cualquier caso, el escenario habría de cambiar por cuanto la postura frente al PP quedaría refrendada por las urnas. Si no, siempre podremos seguir jugando a este juego tan poco divertido.
miércoles, 6 de julio de 2016
‘Café amb llet’ para todos
El otro día me tropecé con un nombre inesperado en la inefable lista de 'tendencias' de Twitter: Quimi Portet. Me sorprendió porque lo habitual es que las chorradas, las banalidades y las consignas de partido copen los primeros puestos, salvo que se trate de hechos incontenibles de especial relevancia informativa. En este caso, el hecho incontenible de especial relevancia informativa era al mismo tiempo una chorrada banal que también fue aprovechada como pestilente arma política, precisamente dentro de una de las polémicas más queridas de nuestra querida España: la batalla lingüística.
De entre todos los asuntos de los que se podía hablar, el más repetido era el incidente acaecido a Portet en la cantina de un ferry balear, cuando según el propio músico, un camarero se negó a atender una petición hecha en catalán por ser incapaz entenderla: 'café amb llet' era la comanda, algo indescifrable para cualquiera, y más para quien trabaja en un lugar donde se habla esa lengua. Entonces Quimi Portet, presa de la indignación y sin reflexionar, hizo una foto al camarero y la compartió en su cuenta de Twitter explicando lo sucedido y reproduciendo las palabras del camarero: “Mira, en gallego, español, francés, inglés y hasta en italiano te entiendo; en catalán o mallorquín ya no”.
“Quimi Portet exige que despidan a un camarero por no hablar catalán” fue una de las acojonantes lecturas que me pude encontrar en Twitter, no sólo por parte de usuarios particulares sino también por periodistas en ‘medios serios’ -y en medios no serios-. Esa fue de las más suaves, porque los insultos, como siempre sucede en estos casos, rebosaron hasta la náusea. En cuanto a las 'noticias' que se han llegado a redactar, en fin, son objetividad pura -"sin pretenderlo, (un camarero) se convirtió en blanco de la ira independentista"-. "Ira independentista". Arrea petaca.
Entre las miles de interpretaciones me faltaba la de Manuel Jabois para que terminara de subir el pan: en su opinión, el conflicto no era político o lingüístico sino “de clase”. Ha venido a decir, con su tono sugerente y descreído, que “al señorito Portet” no le gustó cómo lo había tratado el camarero; a la gilipollez supina de “el cliente siempre tiene la razón”, Jabois opuso una paternalista gilipollez no menos grande que la anterior: la de que “el camarero siempre tiene la razón” simplemente por su origen humilde. Y eso sin conocer, imagino, el origen de Quimi Portet ni el del camarero.
Yo he trabajado tras una barra y puedo certificar que el cliente, en ocasiones, es un auténtico imbécil. En eso estamos de acuerdo. Pero también he sido cliente y certifico que en ocasiones el camarero es tan imbécil como el más imbécil de los clientes. Los imbéciles no vienen determinados por su condición dentro del intercambio de servicios, ni tampoco por su nacionalidad, raza, lengua o género. Sólo los propios imbéciles están autorizados a hacer ese tipo de clasificaciones, que por supuesto, son del todo incorrectas y arbitrarias.
Con la información de que disponemos, lo de Portet y el camarero se puede liquidar rápidamente: un camarero no atendió correctamente a un cliente, y el cliente cometió una irresponsabilidad al fotografiar al camarero y compartir la imagen en una red social. Dos cagadas, sin más, que se podrían arreglar con sendas disculpas por ambas partes.
Entre las miles de interpretaciones me faltaba la de Manuel Jabois para que terminara de subir el pan: en su opinión, el conflicto no era político o lingüístico sino “de clase”. Ha venido a decir, con su tono sugerente y descreído, que “al señorito Portet” no le gustó cómo lo había tratado el camarero; a la gilipollez supina de “el cliente siempre tiene la razón”, Jabois opuso una paternalista gilipollez no menos grande que la anterior: la de que “el camarero siempre tiene la razón” simplemente por su origen humilde. Y eso sin conocer, imagino, el origen de Quimi Portet ni el del camarero.
Yo he trabajado tras una barra y puedo certificar que el cliente, en ocasiones, es un auténtico imbécil. En eso estamos de acuerdo. Pero también he sido cliente y certifico que en ocasiones el camarero es tan imbécil como el más imbécil de los clientes. Los imbéciles no vienen determinados por su condición dentro del intercambio de servicios, ni tampoco por su nacionalidad, raza, lengua o género. Sólo los propios imbéciles están autorizados a hacer ese tipo de clasificaciones, que por supuesto, son del todo incorrectas y arbitrarias.
Con la información de que disponemos, lo de Portet y el camarero se puede liquidar rápidamente: un camarero no atendió correctamente a un cliente, y el cliente cometió una irresponsabilidad al fotografiar al camarero y compartir la imagen en una red social. Dos cagadas, sin más, que se podrían arreglar con sendas disculpas por ambas partes.
Quitada la delirante 'lectura de clase' de Manuel Jabois, lo que requiere una reflexión más profunda es el terremoto ‘tuitero’ que se provocó por un asunto tan nimio, asunto que fue convenientemente revestido en el sempiterno conflicto lingüístico que avivan los caparras de siempre. 'Dónde está la mierda, que me lanzo'.
Hay otra lectura -y no menor- para completar lo que es la lengua: la lengua es continente y también contenido; como un tótem, la lengua comparte la esencia de las cosas que nombra y de nosotros mismos. Configura nuestros esquemas mentales al tiempo que la usamos para estructurar nuestro pensamiento. Las palabras nombran objetos, sentimientos, usos y costumbres, algunas ya perdidas, valiosas y queridas. Es parte de nuestra identidad. Es un legado que recogemos y que debemos legar. Algo así, si es sincero, no se construye ni se expresa contra nadie.
Por todo lo dicho, hay que tratar de ser muy escrupuloso y respetuoso con la lengua. Con la propia y con la ajena. En mi experiencia, los más férreos defensores de su propia lengua suelen ser aquellos que concentran todos sus esfuerzos en atacar las lenguas de los demás, y, mira tú por dónde, son los que menos se afanan en tratar de hablar correctamente. No se concentran en mimar la lengua, en acunarla y en dedicarla a fines nobles como el de tender puentes.
Puente, muro, bomba
La lengua es un puente que nos conecta a los demás; una herramienta para codificar el mundo, para tratar de explicarlo y para explicarnos a nosotros mismos. Para compartir. Sin embargo, hay quien no es capaz de explicarse a sí mismo si no es situándose contra alguien; para eso, con la lengua levanta un muro. Y claro, una vez hecho el muro, resulta muy tentador convertir también la lengua en una bomba y atacar a los demás. Vemos que la lengua puede ser puente, muro y bomba.Hay otra lectura -y no menor- para completar lo que es la lengua: la lengua es continente y también contenido; como un tótem, la lengua comparte la esencia de las cosas que nombra y de nosotros mismos. Configura nuestros esquemas mentales al tiempo que la usamos para estructurar nuestro pensamiento. Las palabras nombran objetos, sentimientos, usos y costumbres, algunas ya perdidas, valiosas y queridas. Es parte de nuestra identidad. Es un legado que recogemos y que debemos legar. Algo así, si es sincero, no se construye ni se expresa contra nadie.
Por todo lo dicho, hay que tratar de ser muy escrupuloso y respetuoso con la lengua. Con la propia y con la ajena. En mi experiencia, los más férreos defensores de su propia lengua suelen ser aquellos que concentran todos sus esfuerzos en atacar las lenguas de los demás, y, mira tú por dónde, son los que menos se afanan en tratar de hablar correctamente. No se concentran en mimar la lengua, en acunarla y en dedicarla a fines nobles como el de tender puentes.
De esto sólo tengo pruebas para el caso del español, que es mi lengua materna: por ejemplo, muchos de los que se abalanzaron cuchillo en mano sobre Quimi Portet por lo que, entendieron -y entendieron mal- un ataque a la lengua de Cervantes, no ponen una puta tilde y además hacen un uso ortográfico y gramatical muy mejorable. Quizá ni hayan leído a Cervantes.
En este falso conflicto lingüístico creado por los falsos defensores de las lenguas -del castellano y del catalán-, siempre he lamentado la facilidad con la que los demás entran al trapo agravando la brecha; lamento el arcaico impulso de aplicar el ojo por ojo y el diente por diente, sin pensar en la inocente mayoría que tiene a su lengua por puente, por alma y por identidad no excluyente ni agresiva. Gente que no merece ser ofendida ni insultada.
Muchas veces he dicho que si existiera una lengua propia en la Región de Murcia, yo sería el primero en hablarla, del mismo modo que me siento orgulloso de nuestro acento y de esas palabras del castellano que hemos forjado en este rincón del planeta, que hemos amasado y mezclado con nuestra identidad. Me da igual que fuera de aquí haya quien nos ridiculice, o que aquí haya quien se avergüence de su habla murciana.
En este falso conflicto lingüístico creado por los falsos defensores de las lenguas -del castellano y del catalán-, siempre he lamentado la facilidad con la que los demás entran al trapo agravando la brecha; lamento el arcaico impulso de aplicar el ojo por ojo y el diente por diente, sin pensar en la inocente mayoría que tiene a su lengua por puente, por alma y por identidad no excluyente ni agresiva. Gente que no merece ser ofendida ni insultada.
Muchas veces he dicho que si existiera una lengua propia en la Región de Murcia, yo sería el primero en hablarla, del mismo modo que me siento orgulloso de nuestro acento y de esas palabras del castellano que hemos forjado en este rincón del planeta, que hemos amasado y mezclado con nuestra identidad. Me da igual que fuera de aquí haya quien nos ridiculice, o que aquí haya quien se avergüence de su habla murciana.
Con el acento y con el matiz murciano, mi lengua materna es el español y lo cuido con esmero, aunque a veces patine. Es la lengua en la que brotan mis sentimientos, mi alegría y mi pena, mi enfado y mis tacos, pero jamás se me ha ocurrido usarla como muro y como bomba contra otros.
Para acabar, contaré algunas anécdotas lingüísticas:
Para acabar, contaré algunas anécdotas lingüísticas:
-Cuando era pequeño, no soportaba estudiar inglés. No le veía la utilidad hasta que fui a Irlanda y comprendí lo apasionante que es poder comunicarte con personas de medio mundo, ver películas y series en versión original o entender muchas canciones de las que hasta entonces sólo conocía el tono. Ahora me encanta escuchar, mejorar y practicar el inglés.
-Cuando estudié en Valencia, percibí en seguida la presencia de un par de férreos defensores de la lengua, de esos que sabiendo que no eres valenciano-parlante, te excluyen de las conversaciones. Pronto se sorprendieron cuando se dieron cuenta de que lo entendía (casi) todo, y también cuando me escucharon tratar de hablarlo. Les decía que si viviera en Valencia, lo aprendería, igual que aprendería la lengua de cualquier otro lugar en el que tuviera que vivir. "¡Mira al murciano, cómo habla valenciano!", exclamaban algunos con alegría. Yo les preguntaba palabras de su lengua, y al mismo tiempo, les explicaba dejes y expresiones típicas de Murcia. Eso se llama tender puentes en lugar de levantar muros o lanzar bombas.
-Cuando trabajaba en un hotel me tropecé con algunos ingleses maleducados: llegaban al mostrador y sin siquiera preguntarme si yo hablaba inglés, y sin decir 'hola, buenos días' en español, se lanzaban a hablarme en su idioma. Más de una vez les respondí en español y con mucha educación, "¿perdone? ¿Qué necesita?". Entonces solían quedarse desconcertados y me preguntaban "¿hablas inglés?". Ahí ya sí, me arrancaba a hablarles en su lengua. Pienso que si uno viaja a un país extranjero, por educación y respeto, al menos debe ser capaz de saludar en la lengua local y de aprender a preguntar a su interlocutor si habla su idioma o alguna otra lengua que domine.
-En mi casa nos damos las buenas noches en varios idiomas: yo las suelo dar en español, en galego, en catalá, en italiano, en francés, en inglés o en griego, según me da -en euskara aún no sé-. Es una humilde forma de transmitir a los más pequeños que hay muchas lenguas en España y en otros países, y que todas están preparadas para transmitir buenos deseos. Para tender puentes, y no sólo para levantar muros y lanzar bombas.
-Cuando estudié en Valencia, percibí en seguida la presencia de un par de férreos defensores de la lengua, de esos que sabiendo que no eres valenciano-parlante, te excluyen de las conversaciones. Pronto se sorprendieron cuando se dieron cuenta de que lo entendía (casi) todo, y también cuando me escucharon tratar de hablarlo. Les decía que si viviera en Valencia, lo aprendería, igual que aprendería la lengua de cualquier otro lugar en el que tuviera que vivir. "¡Mira al murciano, cómo habla valenciano!", exclamaban algunos con alegría. Yo les preguntaba palabras de su lengua, y al mismo tiempo, les explicaba dejes y expresiones típicas de Murcia. Eso se llama tender puentes en lugar de levantar muros o lanzar bombas.
-Cuando trabajaba en un hotel me tropecé con algunos ingleses maleducados: llegaban al mostrador y sin siquiera preguntarme si yo hablaba inglés, y sin decir 'hola, buenos días' en español, se lanzaban a hablarme en su idioma. Más de una vez les respondí en español y con mucha educación, "¿perdone? ¿Qué necesita?". Entonces solían quedarse desconcertados y me preguntaban "¿hablas inglés?". Ahí ya sí, me arrancaba a hablarles en su lengua. Pienso que si uno viaja a un país extranjero, por educación y respeto, al menos debe ser capaz de saludar en la lengua local y de aprender a preguntar a su interlocutor si habla su idioma o alguna otra lengua que domine.
-En mi casa nos damos las buenas noches en varios idiomas: yo las suelo dar en español, en galego, en catalá, en italiano, en francés, en inglés o en griego, según me da -en euskara aún no sé-. Es una humilde forma de transmitir a los más pequeños que hay muchas lenguas en España y en otros países, y que todas están preparadas para transmitir buenos deseos. Para tender puentes, y no sólo para levantar muros y lanzar bombas.
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Crisis de valores y de sistema.

