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jueves, 14 de junio de 2012

Entrevista a José Planes Lastra (y 2ª parte)

"La historia inmediata suele ser falsa; lo importante es que las sensibilidades no se pierdan"


Después de conocer los pormenores del proceso de rehabilitación del monumento a Ricardo Codorniú de la mano del nieto del autor, José Planes Lastra, en esta segunda parte de la entrevista repasamos la trayectoria del propio escultor y hablamos sobre el interesante proyecto de museo que se va a dedicar a su abuelo en Espinardo. Además, Planes Lastra nos expone su particular visión de la escultura y el arte en Murcia.

José Planes Lastra tiene una voz grave, como arañada a golpe de cincel, y su vestimenta es la propia de un escultor en plena faena: polvorienta y sin miramientos. Las manos denotan un trabajo duro; de hecho, lleva una tirita envolviendo uno de sus dedos, algo que después de la entrevista me señaló mi hija mayor (que me acompañó en esta práctica, igual que en la que hice sobre los terremotos de Lorca): "Papi, el escultor llevaba una herida en el dedo, ¿lo has visto?". Planes Lastra habla desde la experiencia y la reflexión, pensando y sabiendo lo que dice. Sin ser risueño ni tampoco histriónico, demuestra su sentido del humor con cierto aire burlón y a veces parece que se ríe para adentro.


El busto de Ricardo Codorniú, obra de José Planes Peñalver, en el taller de su nieto.


P. Usted ha tenido buenos maestros.
R. De pequeño, viendo a mi abuelo; luego aprendí el trabajo del mármol con Ulpiano, antiguo sepulturero del cementerio de Murcia que era un maestro; después tallé la madera con mi padre, y ya con diecisiete años me puse a trabajar en Madrid con el escultor Paco Barón. A partir de ahí me interesé más por la fundición, por los metales.

P. ¿Cómo va el proyecto de museo al aire libre que se quiere dedicar a José Planes en Espinardo?
R. Al principio era una idea arriesgada pero ahora va hacia adelante. Todo surgió a partir del Plan Urban, un proyecto del ayuntamiento para regenerar el barrio del Espíritu Santo de Espinardo. Es un lugar que siempre ha tenido problemas, y no sólo se quiere remodelarlo desde el punto de vista estético, sino dar cursos, formación... Se quiere llevar la cultura para que ese barrio tenga otras aspiraciones. Y claro, se daba el hecho de que mi abuelo era del pueblo, y que tuviera un museo allí no estaba mal. Entonces, entre varias personas de Espinardo se nos ocurrió una idea: que yo impartiera una serie de talleres a gente del barrio, y con los moldes de las obras de mi abuelo, hacer las esculturas para ese museo.

P. La idea es estupenda.
R. Y tiene dos vertientes: dar una formación que les puede ser útil, y que valoren y cuiden más la escultura porque la van a trabajar. Hemos empezado con los cursos y la verdad es que estoy maravillado. Tengo alumnos que son del barrio, payos y gitanos, y estoy asombrado. Se ve que los gitanos llevan las manualidades en sus genes, y personas que no han tocado nunca ni el barro ni la escayola, con muy poco que les enseño, te quedas maravillado de cómo lo hacen. Están encantados, muy ilusionados e implicados, y el resultado está siendo magnífico. Yo, con ellos, es como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo... Aún no se conoce la ubicación pero será en algún jardín del barrio. De momento nos estamos centrando en la elaboración de las piezas: vamos a hacer tres en piedra artificial y tres en bronce, y con esas seis piezas arrancará el museo.

P. Para la gente del barrio, ver en un jardín las obras que José Planes concibió y que ellos mismos han ejecutado con sus manos, elevará el sentimiento de estimación hacia la escultura.
R. Claro, la gente va a valorar mucho más la escultura si la conoce y la trabaja y se acerca a ella.

P. ¿Qué siente usted, por ejemplo en este caso, cuando tiene que reparar las agresiones que ha sufrido el monumento a Codorniú que esculpió su abuelo? ¿Qué piensa un escultor cuando se ataca a su obra en la calle?
R. Pues mira, no tienes más remedio que vivir una realidad. Aunque sueñes, y sueñes despierto, tienes que separar los espacios donde te pones a soñar, a escribir, a pintar o a modelar, del resto. Tienes que saber que cuando pones un pie en la calle, este mundo es un desastre. Nada más que tienes que ver las noticias, así que a fin de cuentas, que le rompan la nariz a una pieza es una "moña de jazmines", cuando están juzgando a un padre que posiblemente ha matado a dos hijos suyos. Lo jodido de las sensibilidades es tener que vivir en un mundo real con una sensibilidad también real.

P. Hablando del arte, lo que pasa es que el escultor generalmente se expone más a este tipo de atentados. Al fin y al cabo, la obra del pintor suele estar en un museo mejor resguardada, pero la obra del escultor que está en la calle... Ésa está más a la mano de la barbarie.
R. Bueno, ten en cuenta que el escultor es un personaje más vital que el pintor. Entre los amigos artistas y tal, siempre te llaman "picapedrero". El escultor es más de taller... O sea, yo soy un buen albañil, y puedo trabajar de cantero, y de forjador... Yo creo que el pintor vive en un mundo más del estilo del poeta. Y no te estoy diciendo yo que ser vital sea una virtud, sino que no tienes más remedio que manejar materiales que son duros, que pesan, que tus manos... (nos reímos).

P. Vamos, que el escultor puede encajar las agresiones a su obra con más deportividad, ¿no?
R. Sí, sí... El contacto con los materiales y el oficio del escultor le hace tener una filosofía distinta. Tienes tus sensibilidades, pero también tienes tu corteza. A lo mejor es una tontería, pero yo creo que tu cerebro acaba moldeándose y adaptándose al trabajo, a los materiales y a las herramientas.

P. ¿Cómo ve la relación actual de Murcia con la escultura?
R. En el tema de la escultura en Murcia... Aquí hemos tenido grandes escultores como Juan González Moreno, o como Clemente Cantos, al que no se le ha hecho ni puñetero caso. Lo que pasa con Clemente Cantos es que era una persona muy humilde, muy sencilla, que trabajó toda la vida aquí, al lado del Cementerio de Nuestro Padre Jesús. También tenemos a Bernabé Gil, del cual hay imaginería y obras importantes. Y luego, escultores como la copa de un pino son Paco Toledo, Luis Toledo y Pepe Toledo...

Detalle del pedestal del monumento a Ricardo Codorniú, el Apóstol del Árbol

P. Paco Toledo es el autor del monumento a De la Cierva, ¿verdad?
R. Sí, ese monumento lo restauré yo, porque el bronce estaba resquebrajado por debajo y estaba a punto de caerse. En colaboración con una fundición de Murcia, lo arreglamos hace unos tres años. Paco Toledo era un escultor impresionante, yo he restaurado varias de sus obras. Aquí, en el complejo de Espinardo, había una escultura de dos chiquillos de tamaño natural, saltando uno sobre otro, y la habían destrozado: le faltaban tres dedos, que se los habían llevado... Yo me la llevé al taller, la restauré y le soldé los dedos que faltaban, y ahora no sé dónde la tienen.

P. En cuanto a las ubicaciones que se eligen para las esculturas: ¿Qué opina de las rotondas?
R. Eso es una idiotez, una absoluta tontería. Murcia lo que necesita son buenos jardines, y la escultura tiene que ser más humilde, más sencilla, de menor tamaño e incorporada a la naturaleza; que haya un árbol, y una escultura, y que las personas se puedan sentar en un banco a contemplar tranquilamente la obra, en paz. Es absurdo poner una obra en una carretera, en una rotonda... Y luego es que las cosas que están poniendo son absurdas. Murcia tiene experiencia con la escultura, no hay porqué engañarla. A mí hay un escultor que me gusta mucho, que es Henry Moore, y ahí está su obra: ves una pieza puesta directamente en la hierba, y ves ovejas alrededor, naturaleza, vida... Eso es la escultura. Yo creo que vienen tiempos difíciles, y lo que tienen estos tiempos es que al final las aguas turbias se remansan, y se acaba viendo lo que hay. Así que, esta idea que ha tenido ahora el ayuntamiento de Murcia (en relación al proyecto del museo de José Planes en Espinardo), que es una idea un poco de Antonio Botía, que está moviendo el tema, la veo muy interesante. Ya es hora de rescatar a esos personajes que están en el olvido, que han creado la cultura de Murcia, y no dejar que nos encandilen con otras cosas.

P. ¿Puede ser un mal endémico de Murcia, el hecho de que no se reconozca a sus personajes ilustres?
R. Pues mira, Murcia siempre ha tenido un problema muy serio, y ha sido su provincianismo. Ha estado muy cerrada... Y hemos tenido grandes artistas sin reconocer, y otros a los que se les da mucha importancia. Hemos tenido grandes artistas: Párraga, Joaquín, Pedro Flores, Antonio Gómez Cano, Bonafé, Victorio Nicolás, Garay... Y sí, les han hecho alguna exposición en el Almudí, de manera puntual y tal... Antonio Gómez Cano murió sin dinero ni ayuda, nada más que la de su novia que era enfermera. Y era una figura importante. Joaquín murió tuberculoso en un hospital benéfico, y los únicos que le echaron una mano fueron Pepe Ródenas y mi abuelo. Yo creo que eso ha ido pasando a través del tiempo. Recuerdo que mi padre tuvo una bronca en el cementerio, el día que se enterró a Pedro Flores. Al entierro de Pedro Flores fueron cuatro personas, o quince, y al mismo tiempo se enterró a un conservero de Molina y aquello estaba lleno. A mi padre se le ocurrió decir, "fíjate, muere Pedro Flores y vienen quince personas, y por el conservero...". A alguien le molestó, "¿es que no se merece el conservero que venga gente a su entierro?". Pero no se trata de que se lo merezca o no, sino que un pintor como Pedro Flores, pues...

P. Pasa con los artistas y con los personajes ilustres en general, porque el legado de este hombre, de Ricardo Codorniú, es enorme, y sin embargo no es conocido como se debiera.
R. Sin embargo te voy a decir una cosa, Pedro: yo creo que lo interesante aquí es que la historia es la que va poniendo a cada uno en su sitio. Y está claro que la historia inmediata suele ser falsa. Poco a poco la historia se va depurando en el tiempo, y cosas que en su momento eran incontables, hoy nos las cuentan. Todos nos quedamos perplejos cuando nos enteramos con detalle de lo que hicieron los alemanes con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, y en aquel momento... Pero poco a poco, los periodistas, los fotógrafos, los historiadores van rescatando esas cosas y poco a poco la historia se va escribiendo. Yo pienso que lo importante es que las sensibilidades no se pierdan, y que seamos justos, y que sepamos valorar lo que nos dice nuestro criterio. Nuestro criterio es el que nos guía, y nos dice cuándo una cosa emana una fuerza contenida y sabes que detrás de eso, hay algo, y entonces investigas y descubres. Personajes como Antonio Machado, pues ahí están. Cuando acabó la Guerra Civil, tú lees los periódicos de entonces, y ves que... Pues que por mucho que te digan, tú lees a Ramón Gómez de la Serna o a Antonio Machado, y luego lees a Pemán, y mira, chico... Pues no, no es lo mismo (nos reímos).

P. Y eso pasa con todo.
R. Pasa con todo: música, literatura, poesía, pintura... Lo importante es que tengamos historia, que esto no sea un cataclismo y acabemos metiéndole fuego a nuestra cultura, como le pasó a la biblioteca de Alejandría. Parece ser que el arte, la pintura y la escultura, no son nocivos. Está claro que una mata de patatas es más importante que una escultura, porque de la mata de patatas puedes comer, y encima tiene una belleza que no tiene nada que envidiar a una escultura, pero lo malo que tiene la mata de patatas es que es perecedera y cuando llega su cosecha, pues sí que te alimenta y cumple su función, pero no la puedes mantener. Sin embargo la escultura tiene esa particularidad, que puedes ver una pieza egipcia que a lo mejor tiene seis mil años, y sigue aquí diciendo cosas. Así que es importante que, con el tiempo, a los falsificadores del arte, a esas personas que no sienten lo que hacen y que sólo buscan el protagonismo, sepamos mandarlos a hacer puñetas, y sepamos valorar a la gente que se muestra de verdad.

domingo, 3 de junio de 2012

Entrevista a José Planes Lastra (1ª Parte)


“Quiero respetar al máximo lo modelado por mi abuelo”

El ayuntamiento de Murcia encarga al nieto de José Planes la rehabilitación del busto de Codorniú, “apóstol del árbol”


Planes, rodeado de herramientas en su taller, vuelve
a dialogar cara a cara con la obra de su abuelo.

El monumento al murciano Ricardo Codorniú y Stárico (1843-1923), obra del escultor de Espinardo José Planes Peñalver (1891-1973), fue colocado en 1930 bajo el ficus de la plaza de Santo Domingo para honrar al defensor incansable de la causa forestal; al llamado "apóstol del árbol", artífice de las milagrosas repoblaciones de Sierra Espuña y El Valle. El paso de los años, el clima y la acción del hombre pusieron a la pieza en una situación límite, y el ayuntamiento de Murcia ha confiado su rehabilitación integral a la mano experta de José Planes Lastra (Madrid, 1953), nieto del autor.

Pregunta. ¿Cuál es el estado del momumento?
Respuesta. Según han ido pasando personajes por la concejalía de Jardines del ayuntamiento, han ido haciendo un pequeño desastre...

P. Es decir, que no muy bueno.
R. Pues mira... Por un lado lo cambiaron de posición, luego le quitaron un plinto de piedra bajo el pedestal que elevaba la pieza a su altura... Y le han hecho restauraciones que son un desastre. Mi abuelo hizo el pedestal en piedra de Abarán, un material poroso, y las restauraciones consistieron en darle capas y capas de pintura. Al estar situada en la tierra y rodeada de goteros, la piedra cogió humedad, y al pintarla se impermeabilizó y se le impidió respirar. La humedad ha ido descomponiendo la piedra por dentro. Además, a la niña que hay esculpida en el pedestal le restauraron los pies con cemento blanco... Un desastre.

P. ¿Cómo se pueden solucionar esos errores?
R. En esta primera fase he quitado todo lo que han ido poniéndole al pedestal. Luego voy a devolverle su estado original recomponiendo con plastilina las partes que faltan, y después voy a sacarle un molde. Más tarde consolidaré el pedestal y si no es posible dejarlo en condiciones óptimas para estar en la calle, propondré al ayuntamiento sacar con el molde una réplica en piedra artificial, más resistente, y conservar el original en un museo u otro lugar protegido.

P. ¿Y cómo está el busto de Ricardo Codorniú?
R. El material del busto es mármol de Carrara y ha resistido bien, aunque le han roto la nariz y las orejas por lo menos dos veces. Tiene tres agujeros y dentro había restos de una especie de mortero; imagino que ahí le fijaron una nariz de cemento. Además en el interior, por debajo, le metieron un hierro corrugado que ya le estaba creando óxido.

P. Quizá lo hicieron para fijarla al pedestal y evitar un posible robo. ¿Qué pesa el busto?
R. Pesa mucho, unos 250 kilos. Lo que pasa es que no se debe meter hierro en el mármol, porque una vez que se filtra el óxido, eso ya no hay quien lo quite. Afortunadamente lo he limpiado todo con jabón antiguo y se ha quedado bien.

P. ¿De qué forma recompondrá las partes destruidas?
R. Como hay dos copias de la pieza, una en el Retiro, en Madrid, y otra en Sierra Espuña, iré a Sierra Espuña a sacar una impresión en barro a la nariz y a las orejas para hacerlas iguales, les haré un molde en escayola y después usaré la escayola para sacar la nariz y las orejas en mármol.

P. ¿Va a emplear el mismo tipo de mármol?
R. He buscado, pero encontrar un mármol de Carrara como éste es muy difícil. Como la pieza tiene una base amplia, la aprovecharé para darle un corte por debajo y de ahí sacaré una esquirla para hacer la nariz y las orejas con el mismo mármol.

P. ¿Se notará la diferencia?
R. No, al ser el mismo mármol la diferencia de tonalidad será mínima. Es la mejor opción. Lo que no quiero es quitar nada de lo que hizo él, quiero arreglar lo roto y respetar al máximo lo modelado por la mano de mi abuelo. En la nariz hay menos problemas, pero en las orejas faltan capas muy finas y será más difícil. Aunque sea lo más sencillo, no quiero quitar las orejas enteras y hacer otras nuevas. Ahí voy a tener que hacer un trabajo muy fino para que se quede bien.

P. No es la primera vez que rehabilita una obra de su abuelo.
R. No, he trabajado mucho su obra. Desde que tenía tres años, cuando vivíamos en Madrid, me pasaba el día en su estudio. Me interesaba la escultura. Recuerdo que él me daba barro y yo le hacía unos cristos pequeños, y me daba otras tareas para que lo dejara trabajar en paz, como enderezar púas. A los trece años dejé los estudios y me puse a hacer escultura. He restaurado alguna de sus obras importantes.

Tal y como se anunció en la prensa local, el plan de restauración prevé colocar de nuevo el monumento en la plaza de Santo Domingo el próximo martes 5 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente. Una vez acabados los trabajos de rehabilitación y devuelta la pieza su lugar, se considerará la conveniencia de sustituir el pedestal, el busto o ambos por una réplica, conservando los originales en el emplazamiento que decida el ayuntamiento de Murcia.

sábado, 12 de mayo de 2012

Entrevista a José Antonio Trigueros - Director del Museo de la Catedral de Murcia

José Antonio Trigueros (ENFOQUE/LV)


"El museo sigue abierto
porque hemos sido un poco héroes"


El fin de las subvenciones de la Consejería de Cultura deja en el aire el futuro de la institución



La crisis extiende sus efectos negativos a todos los ámbitos de nuestra sociedad, y de entre ellos, la cultura aparece como uno de los más indefensos por generar un beneficio a largo plazo y difícilmente calculable en términos económicos. En enero de 2011 cerró sus instalaciones el Museo Chillida-Leku; en marzo de 2012, el Museo de la Catedral de Murcia -que fue reinaugurado en 2007 tras varios años de acondicionamiento y mejora- anunció su cierre inminente por falta de dinero. Una pequeña inyección económica de la comunidad autónoma ha permitido a la institución continuar su labor, pero el futuro aún es incierto. Su director José Antonio Trigueros no desiste en el empeño.

Pregunta: ¿Cuál es la situación del museo un mes después de haber evitado el cierre?
Respuesta. El museo no está definitivamente salvado. Estamos haciendo gestiones para tener consistencia. La Consejería de Cultura nos ha dado sólo una cuarta parte de la subvención que nos deben, y que teníamos acordada y firmada para el año 2011. Aunque la expresión es un poco bárbara, estamos con la soga al cuello, y lo que hemos hecho es dirigirnos a una serie de personas que pensamos que pueden ayudarnos. Les he escrito una carta exponiendo nuestra situación, y les he dicho que queremos visitarlos para ver si quieren colaborar con nosotros y ayudar a que el museo siga abierto.

P. Cuando dice que han contactado con personas, ¿se refiere al sector privado, o a la propia administración pública?
R. Hay de todo. Nos hemos fijado en las personas y en su capacidad de recepción, en su cargo, y sabiendo además que tienen buena voluntad, que se van a fiar de nosotros y van a querer colaborar por las piezas de arte únicas que conserva el museo.

P. El Museo de la Catedral es de los pocos de la ciudad que cobra un precio por la entrada. ¿No es suficiente con ese recurso?
R. No, el gasto es mucho mayor. Poner en marcha un museo supone contar con guías, seguridad, limpieza, electricidad, conservación... Para que funcione bien hay que contar con todos esos gastos y nosotros no malgastamos ni un céntimo. No queremos cobrar una entrada muy grande para que la gente no se retraiga, pero quizá tengamos que revisar el precio, con moderación, porque sabemos cómo está la situación.

P. ¿Qué gastos se pueden cubrir con la venta de entradas, y cuáles con la subvención?
R. Con la subvención se cubría todo el gasto del museo. Lo que se saca de las entradas da para cubrir gastos accesorios y, digamos, pequeñas cosas. Se cobra una entrada simbólica y queremos seguir así, si podemos.

P. Además del dinero público, ¿existe posibilidad de contar con algún patrocinio por parte del mundo empresarial?
R. Hasta ahora teníamos un convenio firmado con la Consejería de Cultura por el que nos abonaban 240 mil euros anuales. En 2011 no lo cobramos, y después de tener una conversación un poco áspera, nos han dado una cuarta parte y nos han dicho que en 2012 no van a dar nada. Entonces nos hemos puesto en contacto con una serie de personas y entidades que quizá quieran ser nuestros mecenas, para explicarles las necesidades del museo y cubrirlas. No queremos ganar dinero, pero sí que hay que satisfacer unos gastos mínimos.

P. ¿La Diócesis de Cartagena no dispone de un fondo para contribuir al mantenimiento del museo?
R: No, de la Diócesis no recibimos ni un céntimo porque el Obispado tiene muchos gastos.  El museo funciona como una cosa del Cabildo de la Catedral, al que rendimos cuentas a final de año. Esas cuentas también las ve el señor Obispo, porque ésto es un bien eclesiástico. Del año 2011 no tenemos nada que presentar y el Cabildo no tiene fondos. La Catedral se mantiene... Lo único que percibimos los canónigos es el expendio de la misa: diez euros al día.

P: ¿No se han planteado cobrar la entrada para visitar el templo, como sucede en otras catedrales?
R: Lo hemos pensado, y si lo hacemos, será para cubrir las necesidades de la misma Catedral, porque no llegamos. Hemos pensado hacer visitable museisticamente la Catedral previo pago durante determinadas horas del día.

P: ¿Cuántas personas trabajan en el museo actualmente?
R. Diez personas, entre los vigilantes que están día y noche, los guías, la limpiadora... Además, se sube a la torre de la Catedral, que es una de las cosas que más gusta al visitante, y hace falta personal. Hace años se subía a la torre sin control y se estaba deteriorando. Ahora se sube con un guía y con seguridad, y se explica el campanario.

P. A corto plazo, ¿cuál puede ser la solución para que la institución que usted dirige permanezca abierta?
R. Vamos a ver el resultado de las cartas que hemos enviado a estas personas, para ver si quieren comprometerse con el museo. Con sacar dinero para cubrir los gastos, es suficiente. No queremos ganancia alguna, ganar dinero no es nuestra finalidad; es presentar nuestro material artístico para disfrute del visitante.

P. En la actualidad, cualquier cosa que no aporte rentabilidad económica inmediata parece estar en peligro, pero es difícil que un museo genere beneficio.
R. Sí, sí, y por eso depende de las personas a las que hemos escrito. Hemos procurado que sean personas un poco sensibles a los valores artísticos de un museo de esta categoría, para que no lo vean como una cosa disparatada sino  como algo en lo que merece la pena colaborar para seguir funcionando y mostrando piezas de gran valor. Sabiendo que son personas de buen criterio, esperamos que la carta que les enviamos la semana pasada pueda tener efecto. Entre entidades y personas, son unas diez o doce personas.

P. El cierre sería un desastre en todos los sentidos.
R. Sí, y hemos estado a punto. Sigue abierto porque hemos sido un poco héroes. En estos cuatro meses que llevamos de 2012 estamos funcionando con palicos y cañicas. Hemos hecho filigranas con el poco dinero que nos quedaba, y ahora tengo que pedir prestados dos mil euros a la Catedral para pagar unos gastos pendientes.

P. En el peor de los casos, imagine que el museo cierra: ¿qué pasaría con las diez personas que pierden su empleo, con las obras de arte y con la torre?
R. No sé si por ser un poco utópico, a mí me parece que las personas a las que nos hemos dirigido, que tienen buen criterio, se fiarán de nosotros. Quiero creer que no se va a dar el caso, pero si tuviéramos que cerrar, lo sentiría y me dolería muchísimo.

-> Entrevista realizada a mediados de abril, como ejercicio de prácticas de 4º de Periodismo.
-> Muchas gracias por su amabilidad y ayuda a José Antonio Trigueros y a Raquel Trigueros.




Crisis de valores y de sistema.