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jueves, 23 de enero de 2014

Un pedacico de Roma

Llevo ya bastante tiempo sin hacer visitas guiadas por el centro de Murcia y lo echo un poco de menos, la verdad. En especial me gusta explicar la plaza Belluga, pero casi más que explicarla, lo que me gusta es atravesarla de parte a parte y reflexionar sobre ella.


Cada vez que camino por alguna de las callejuelas que confluyen en la plaza del Cardenal Belluga, me preparo mentalmente y me imagino que nunca he estado allí: procuro mirarla siempre con ojos nuevos y respirarla como si fuera la primera vez. Esa es una de las cosas que suelo decirle a los grupos de turistas, a los que a veces recojo en la misma plaza. Los aparto, me los llevo por la calle del Arenal y les hablo: "Imagínense que estamos en el siglo XVIII y que jamás han visitado Murcia; que jamás han visto esta plaza de la que acabamos de salir, ni la fachada principal de la Catedral ni el Palacio Episcopal, a los que seguro que ya les han echado alguna foto mientras esperaban". Entonces les explico que vamos a entrar en una plaza barroca, y que el barroco es lo que tiene: el barroco es sorpresa, es teatralidad. Les digo que en las plazas barrocas existe el concepto de dentro-fuera: que no se domina el espacio hasta que te metes y mueves tu cabeza en todas direcciones; les explico que, en el caso ideal, a una plaza barroca no se llega por una avenida recta desde la cual se pueda anticipar lo que te vas a encontrar después. Por ejemplo, Mussolini le jodió a Bernini su invento para la plaza barroca de San Pedro del Vaticano con la apertura de la Vía della Conciliazione (los dictadores y su puñetera manía de hacer avenidas rectas para desfilar), pero lo normal es que, si se ha respetado su esencia, la plaza barroca te pille siempre por sorpresa.

Volviendo a Murcia y enlazando con lo anterior, otra cosa que me gusta decirles a los turistas, y que no he leído sino que he concluido yo mismo después de algunas reflexiones, es que a la plaza Belluga le ayuda mucho el lugar en el que se diseñó. Hablamos del corazón de una ciudad medieval árabe, de una población nacida de la nada sobre un espacio bastante llano; hablamos pues de un urbanismo barroco, pero no del siglo XVII o XVIII sino del siglo IX. ¿Acaso no son las calles medievales de Murcia, tortuosas y zigzagueantes, un espacio de incertidumbre y de sorpresas? El sentido con el que la ciudad fue pensada en época medieval está muy alejado del efectismo sensual propio del estilo barroco, pero para el caso, no importa. Las calles árabes crean muchas esquinas (muchos 'picoesquinas', podríamos decir), muchas curvas y recurvas, y sin proponérselo, contribuyen a intensificar la premeditada idea de teatralidad barroca que alcanza su clímax en la plaza de Belluga: aquí no hay Vías de la Conciliazione ni Gran Vías, no hay calles rectas y anchas que aborden de lleno la plaza, sino que se llega a ella a través de calles estrechas y cortas que convergen en las esquinas. No se puede ver toda la plaza, y tampoco se pueden ver las fachadas que se reúnen en torno ella, hasta que se accede completamente. 



Vamos caminando despacio, acercándonos poco a poco, doblamos una esquina y de pronto... ¡Pam! Ahí está la plaza: ante nosotros se plantan el gran imafronte de la catedral, la mole de piedra del campanario (que aunque está al otro lado del templo, aparece visualmente incorporado a su fachada y al paisaje de la plaza), la gracia del Palacio Episcopal con sus muros pintados y su balcón central, la fila de naranjos al otro lado, una serie de edificios discretos y supervivientes, y sí, hasta el Moneo (construcción a la que algunos aún le niegan el saludo pero que a mí me gusta). Si nos fijamos, vemos que la plaza no es cuadrada ni rectangular; es un trapecio con sus líneas abiertas hacia la fachada de la Catedral, que ejerce de telón de fondo y foco de atracción. Este tipo de plaza ya fue empleado por Miguel Ángel en el Campidoglio de Roma, y tiene como fin procurar una visión más cómoda del edificio más importante, una perspectiva que evite la sensación de que el edificio protagonista queda aprisionado por las fachadas laterales.



La fachada principal de la catedral, retablo barroco en piedra y decorado en el que se plasman algunas de las andanzas de nuestro reino, se lee mejor de frente, pero se siente mejor de lado. Es decir, que para desentrañar su mensaje, la visión frontal es la idónea, pero para apreciar su lenguaje, lo ideal es admirarla de costado: desde ahí vemos cómo se adelanta y cómo retrocede, cómo invade el espacio urbano y se deja invadir por él mediante las líneas curvas y convexas. Sus columnas gigantes sobresalen como si fueran grandes esculturas. La piedra se mueve aunque esté quieta, y podemos detenernos en sus múltiples detalles, en sus frutos, guirnaldas e instrumentos musicales tallados en relieves de factura exquisita. Conocerlos todos es como saberse de memoria la guía de teléfonos. Yo aún no lo he conseguido.

La plaza de Belluga es también su cielo y su suelo, y no sé si me atrae más cuando el azul puro y la luz intensa de Murcia bañan las piedras a mediodía, o cuando, en días de lluvia, cae el gris plomizo y la Catedral se refleja en los charcos, o cuando se hace de noche y se encienden las luces. Pero sea la hora que sea, llueva o haga sol, me encanta abrir bien los ojos, el olfato y el oído. Y me encanta pasar junto a la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza, y escuchar un piano, una guitarra española o el taconear rítmico y apasionado de decenas de pies contra un suelo de madera mientras admiro ese espacio urbano. En esos instantes se respira un ambiente de cultura, de paz y de sosiego muy esperanzador, pero como estamos en Murcia, hasta en la Plaza de Belluga hay descuidos, patadas en la entrepierna del más elemental sentido estético y del respeto al patrimonio. Algunas chapas metálicas con los nombres de las calles, o el manojo de cables y las pintadas que adornan la Escuela de Arte Dramático. Y en cuanto a la reforma que hizo del lugar el arquitecto Rafael Moneo a finales de los 90, me pareció acertado que se trasladaran los naranjos que había frente al Palacio Episcopal, la eliminación de los parterres y resaltar los ejes principales de la plaza con las líneas blancas del pavimento, pero no estoy seguro de si fue buena idea el cambio de ubicación de la fuente, cuyo espacio fue ocupado por un sumidero.



Una de las cosas que les digo a los turistas, y que además, la digo con conocimiento de causa, como historiador del arte y como un enamorado de Roma, es que la plaza del Cardenal Belluga, con todos sus edificios y en especial con la fachada de la Catedral de Murcia, podría estar perfectamente en la Ciudad Eterna y no desentonaría. Y más: sería mundialmente conocida, y estaría plasmada en millones de estampas, postales y fotografías como lo están otros rincones de la maravillosa Roma. Puestos a pedir, pediría una guinda que me imagino muchas veces cuando estoy en la Plaza Belluga: que hubiera una fuente en el centro de la plaza, pero no la que había antes sino una de Bernini. Por ejemplo, imagináos que tuviéramos en el centro de nuestra plaza la Barcaza de Pietro Bernini, una de mis fuentes romanas favoritas, esa que está a los pies de la escalinata de la Piazza d'Espagna. O la fuente del Tritón de su hijo Lorenzo Bernini... Me conformaría con una réplica, o con una fuente distinta y más normalica.

Para acabar, una última reflexión: además del barroco genial de la Plaza Belluga, hay otra cosa que me sorprende, y es que esa plaza esté en Murcia. Me sorprende que se llevara a cabo en nuestra ciudad un proyecto como el de la fachada principal de la Catedral, que, aunque reducido con respecto a los planes iniciales, no tiene nada que envidiar al mejor barroco francés o italiano. Me sorprende también que se hiciera el Palacio Episcopal, y sobre todo, que ese espacio y sus edificios hayan sobrevivido a la especulación, una práctica tan acostumbrada a vestirse en Murcia con el manto legitimador del progreso, la modernidad y el bienestar común, y tan proclive a justificarse con desdén en el poco valor material y moral de nuestras cosas. En Murcia nos hemos tragado esos argumentos muchas veces a lo largo de la historia, y hemos visto caer a golpe de pico y barreno muchos monumentos que ya no volverán. Por todo ello, me encanta caminar por la Plaza Belluga y admirarla con ojos siempre nuevos, y agradecer nuestra suerte porque al menos seguimos teniéndola.

jueves, 9 de agosto de 2012

La ciudad que perdió la memoria

Murcia relega a un lugar secundario a algunos de los personajes más importantes de su historia

Los protagonistas de la conquista cristiana del siglo XIII y los del barroco murciano han tenido mejor suerte que los del periodo andalusí

El saber popular afirma sin matices que nadie es profeta en su tierra, pero si se desciende a la particularidad, al caso concreto, resulta fácil comprobar que todo depende del profeta y de la tierra. Así, algunos personajes tuvieron la fortuna de calar en la sociedad que les vio nacer y pasaron a formar parte de la memoria colectiva con monumentos, calles o plazas a su nombre; otros, por motivos que van desde la revisión de la historia a la rivalidad política, fueron borrados, silenciados o, en el mejor de los casos, apartados a un espacio marginal y semiclandestino; al patio trasero de la urbe. En Murcia existen ejemplos para todos los gustos: desde el recuerdo merecido y unánime hasta el homenaje partidista o difícilmente explicable, pasando por sonoras cuentas pendientes que siguen sin saldarse.

¿Referentes urbanos o muestras de identidad?
La ciudad, escenario de nuestros quehaceres diarios, se extiende por avenidas, calles y plazas y ofrece referentes que nos ayudan a situarnos: con sus nombres sobre un plano, una persona puede saber en qué ciudad está, y dentro de ella, saber exactamente dónde se encuentra y hacia dónde dirige sus pasos. Para un murciano, la Plaza Circular, la avenida Ronda Norte o la Ronda Sur son herramientas cotidianas, pero para un visitante son la primera fuente de información sobre la identidad y el pasado de Murcia. Y en los tres ejemplos citados sólo se puede intuir que los murcianos conocen las formas geométricas y los puntos cardinales. La Murcia neutral, geométrica y despersonalizada se ve reflejada en la mayoría de sus principales ejes viarios: a esos ejemplos se unen los de Ronda Oeste y Ronda de Levante, que junto a la Avenida Primero de Mayo conforman el primer cinturón en torno al centro urbano.

Gran Vía del Escultor Salzillo o, simplemente, Gran Vía. El centro histórico cortado a cuchillo.

La avenida más importante del núcleo de la ciudad -la más comercial y transitada- recibe el nombre de Gran Vía del Escultor Salzillo, homenaje al insigne artista murciano del siglo XVIII, pero todo el mundo se refiere a ella como Gran Vía por una cuestión de economía lingüística. Abierta a fuerza de barreno y explosivo a finales de los años cincuenta del siglo pasado, dicha avenida destruyó parte del casco antiguo y provocó el derribo de los baños árabes de la calle Madre de Dios, declarados Monumento Nacional por la Ley del Patrimonio de 1931. Otros ejes básicos para el tráfico y el comercio de Murcia son la avenida General Primo de Rivera -golpista nacido en Jerez que instauró una dictadura en 1923-, las de la Constitución y la Libertad -que recibieron su nuevo nombre en la transición democrática-, o la Gran Vía de Alfonso X el Sabio, que en este caso sí ha tenido la suerte de popularizarse con el nombre del rey que anexionó Murcia a Castilla en el siglo XIII, al existir ya una Gran Via en la ciudad.

La avenida de la Fama, la calle Floridablanca -condado del murciano José Moñino, quien ocupó cargos relevantes en el gobierno de Carlos III- o la avenida del Infante Don Juan Manuel -toledano y sobrino de Alfonso X- también reciben un animado trasiego diario. Y en este breve repaso a algunos de los ejes de la ciudad, tampoco podemos olvidar calles como las de Jaime I el Conquistador -otro personaje de la conquista cristiana-, Gutiérrez Mellado -militar que luchó en el bando franquista durante la Guerra Civil Española, pero que colaboró decisivamente en la transición a favor de la democracia y se mantuvo firme ante el golpista Tejero- o Antonete Gálvez -el revolucionario murciano del siglo XIX, nacido en Torreagüera y ligado a la lucha cantonal-. En Murcia existe además la costumbre de dividir la misma calle en varios tramos con distintos nombres, lo que dificulta su identificación: así, Correos es el nombre unitario que le dan los murcianos a las calles de Alejandro Séiquer -pintor murciano de mediados del siglo XIX-, Isidoro de la Cierva -político y ministro murciano de finales del XIX y principios del XX-, Pintor Villacis -artista murciano del siglo XVII- y Ceballos. Lo mismo sucede con las calles de San Andrés, García Alix -político y ministro murciano, contemporáneo de Isidoro de la Cierva- y Juan de la Cierva -el inventor del autogiro-, que dividen una misma calle a la que muchas veces se conoce como de San Andrés de lado a lado.

El casco antiguo de Murcia -o lo que quedó de él tras el desarrollismo constructivo de mediados del siglo XX- conserva en buena medida el trazado del callejero medieval y ofrece referentes más apegados a la historia de la ciudad, como la ubicación de sus gremios -Trapería, Platería, Jabonerías...-, o la de sus antiguos conventos derribados -Santa Isabel, La Merced, la Trinidad, San Antonio...-. Sin embargo, también han tenido hueco algunos homenajes recientes tributados por ayuntamiento, como la plaza del periodista Jaime Campmany -vehemente defensor del régimen franquista desde las páginas del diario Arriba- junto a la Catedral. De las 1200 calles registradas en el plano del centro de Murcia, cerca de 140 -la mayoría de especial relevancia- están dedicadas a personajes y eventos religiosos, aunque las nuevas avenidas en las zonas de expansión de la ciudad reciben los nombres de los miembros de la Casa Real, con Juan Carlos I y Juan de Borbón como ejes principales. La sustitución del nombre de Isaac Peral, ingeniero cartagenero que construyó el primer submarino militar útil, por el del Conde de Barcelona, estuvo rodeada de polémica. Ahora Peral da nombre a un parque que, sin embargo, todo el mundo conoce como "jardín de las tres copas" por la fuente que preside ese espacio verde.

Monumento a Abderramán II, emir de Córdoba y fundador de Murcia en el siglo IX, rodeado de obstáculos.

Las cuentas pendientes
El homenaje de Murcia a los personajes relacionados con su fundación y el periodo andalusí se ha visto superado por el de los protagonistas de la conquista cristiana y los del gran siglo XVIII murciano: Alfonso X el Sabio cuenta con un monumento en la avenida del mismo nombre; el conde de Floridablanca tiene el suyo en el barrio del Carmen; el Cardenal Belluga preside la Glorieta junto al ayuntamiento y el Palacio Episcopal; y el busto dedicado a Francisco Salzillo, aunque de estética criticada, sigue elevándose en la plaza de Santa Eulalia. Juan de la Cierva, murciano e inventor del autogiro -precendente del helicóptero-, tiene un monumento algo alejado de la vista pública frente al Palacio de Justicia, y a su abuelo Ricardo Codorniú, que repobló Sierra Espuña y El Valle a finales del siglo XIX, se le dedicó un busto bajo el ficus de Santo Domingo en 1930. Hace pocos meses se inauguró cerca del Teatro Romea la escultura que inmortaliza al actor Paco Rabal como Zacarías, el personaje de Delibes. Peor suerte ha corrido Abderramán II, emir cordobés y fundador de Murcia en el año 825, cuya calle, pequeña y secundaria, pocos conocen, y cuyo monumento fue colocado en un lugar de difícil visión en la Plaza de la Cruz Roja. Por su parte el místico Abenarabi, nacido en 1165 y de fama internacional, tiene una avenida de cierta importancia pero no se le ha dedicado monumento. Y el rey que llevó a Murcia a su máximo esplendor en el siglo XII, Ibn Mardanix, aún no tiene monumento, y su calle bajo el apodo de Rey Lobo, pequeña y en un barrio alejado del centro histórico, no se corresponde con la importancia del personaje. Así es como respira una ciudad sin memoria.

La política y la historia en el proceso de nombrar calles
Tradicionalmente se admite que la historia la escriben los poderosos y los vencedores. Y en la actualidad, una de las formas de comprobarlo es conocer el proceso que se sigue para poner nombre a las calles de una ciudad. En el caso de Murcia, el procedimiento es así: el Instituto Nacional de Estadística remite anualmente al ayuntamiento un listado con las nuevas vías que se incorporan al mapa urbano. Tanto esas calles sin nombre que hay que bautizar, como la posible modificación de nomenclatura en calles ya existentes, se ponen sobre la mesa de una Comisión Municipal formada por todos los grupos políticos del consistorio -según su peso electoral- que se encarga de proponer nombres. La Comisión cuenta con el asesoramiento del grupo de Notables de la Región de Murcia, integrado por académicos, historiadores y cronistas oficiales de los municipios murcianos.

Una vez se acuerdan las propuestas, éstas se envían para su debate y aprobación al Pleno municipal, donde basta obtener la mayoría simple en su votación. De ese modo el partido en el poder -el PP rige el ayuntamiento de Murcia desde 1995- puede nombrar calles y plazas o cambiar los nombres existentes sin excesivos problemas. Existe otro cauce para las pedanías -poblaciones dependientes del ayuntamiento de la capital-, que se inicia con las propuestas recogidas por las Juntas Vecinales de cada una de ellas, que posteriormente pasan a la Comisión Municipal y, de ahí, al Pleno. En esos casos, los nombres suelen hacer referencia a los personajes ligados a la historia de esas poblaciones, a los apodos tradicionales de las familias, a sus usos y costumbres o a lugares clave, como el nombre de una acequia, un palacete o un molino. Al final todo depende del grado de objetividad del gobernante de turno y, sobre todo, del sentido de responsabilidad colectiva y de su compromiso con la historia.

jueves, 14 de junio de 2012

Entrevista a José Planes Lastra (y 2ª parte)

"La historia inmediata suele ser falsa; lo importante es que las sensibilidades no se pierdan"


Después de conocer los pormenores del proceso de rehabilitación del monumento a Ricardo Codorniú de la mano del nieto del autor, José Planes Lastra, en esta segunda parte de la entrevista repasamos la trayectoria del propio escultor y hablamos sobre el interesante proyecto de museo que se va a dedicar a su abuelo en Espinardo. Además, Planes Lastra nos expone su particular visión de la escultura y el arte en Murcia.

José Planes Lastra tiene una voz grave, como arañada a golpe de cincel, y su vestimenta es la propia de un escultor en plena faena: polvorienta y sin miramientos. Las manos denotan un trabajo duro; de hecho, lleva una tirita envolviendo uno de sus dedos, algo que después de la entrevista me señaló mi hija mayor (que me acompañó en esta práctica, igual que en la que hice sobre los terremotos de Lorca): "Papi, el escultor llevaba una herida en el dedo, ¿lo has visto?". Planes Lastra habla desde la experiencia y la reflexión, pensando y sabiendo lo que dice. Sin ser risueño ni tampoco histriónico, demuestra su sentido del humor con cierto aire burlón y a veces parece que se ríe para adentro.


El busto de Ricardo Codorniú, obra de José Planes Peñalver, en el taller de su nieto.


P. Usted ha tenido buenos maestros.
R. De pequeño, viendo a mi abuelo; luego aprendí el trabajo del mármol con Ulpiano, antiguo sepulturero del cementerio de Murcia que era un maestro; después tallé la madera con mi padre, y ya con diecisiete años me puse a trabajar en Madrid con el escultor Paco Barón. A partir de ahí me interesé más por la fundición, por los metales.

P. ¿Cómo va el proyecto de museo al aire libre que se quiere dedicar a José Planes en Espinardo?
R. Al principio era una idea arriesgada pero ahora va hacia adelante. Todo surgió a partir del Plan Urban, un proyecto del ayuntamiento para regenerar el barrio del Espíritu Santo de Espinardo. Es un lugar que siempre ha tenido problemas, y no sólo se quiere remodelarlo desde el punto de vista estético, sino dar cursos, formación... Se quiere llevar la cultura para que ese barrio tenga otras aspiraciones. Y claro, se daba el hecho de que mi abuelo era del pueblo, y que tuviera un museo allí no estaba mal. Entonces, entre varias personas de Espinardo se nos ocurrió una idea: que yo impartiera una serie de talleres a gente del barrio, y con los moldes de las obras de mi abuelo, hacer las esculturas para ese museo.

P. La idea es estupenda.
R. Y tiene dos vertientes: dar una formación que les puede ser útil, y que valoren y cuiden más la escultura porque la van a trabajar. Hemos empezado con los cursos y la verdad es que estoy maravillado. Tengo alumnos que son del barrio, payos y gitanos, y estoy asombrado. Se ve que los gitanos llevan las manualidades en sus genes, y personas que no han tocado nunca ni el barro ni la escayola, con muy poco que les enseño, te quedas maravillado de cómo lo hacen. Están encantados, muy ilusionados e implicados, y el resultado está siendo magnífico. Yo, con ellos, es como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo... Aún no se conoce la ubicación pero será en algún jardín del barrio. De momento nos estamos centrando en la elaboración de las piezas: vamos a hacer tres en piedra artificial y tres en bronce, y con esas seis piezas arrancará el museo.

P. Para la gente del barrio, ver en un jardín las obras que José Planes concibió y que ellos mismos han ejecutado con sus manos, elevará el sentimiento de estimación hacia la escultura.
R. Claro, la gente va a valorar mucho más la escultura si la conoce y la trabaja y se acerca a ella.

P. ¿Qué siente usted, por ejemplo en este caso, cuando tiene que reparar las agresiones que ha sufrido el monumento a Codorniú que esculpió su abuelo? ¿Qué piensa un escultor cuando se ataca a su obra en la calle?
R. Pues mira, no tienes más remedio que vivir una realidad. Aunque sueñes, y sueñes despierto, tienes que separar los espacios donde te pones a soñar, a escribir, a pintar o a modelar, del resto. Tienes que saber que cuando pones un pie en la calle, este mundo es un desastre. Nada más que tienes que ver las noticias, así que a fin de cuentas, que le rompan la nariz a una pieza es una "moña de jazmines", cuando están juzgando a un padre que posiblemente ha matado a dos hijos suyos. Lo jodido de las sensibilidades es tener que vivir en un mundo real con una sensibilidad también real.

P. Hablando del arte, lo que pasa es que el escultor generalmente se expone más a este tipo de atentados. Al fin y al cabo, la obra del pintor suele estar en un museo mejor resguardada, pero la obra del escultor que está en la calle... Ésa está más a la mano de la barbarie.
R. Bueno, ten en cuenta que el escultor es un personaje más vital que el pintor. Entre los amigos artistas y tal, siempre te llaman "picapedrero". El escultor es más de taller... O sea, yo soy un buen albañil, y puedo trabajar de cantero, y de forjador... Yo creo que el pintor vive en un mundo más del estilo del poeta. Y no te estoy diciendo yo que ser vital sea una virtud, sino que no tienes más remedio que manejar materiales que son duros, que pesan, que tus manos... (nos reímos).

P. Vamos, que el escultor puede encajar las agresiones a su obra con más deportividad, ¿no?
R. Sí, sí... El contacto con los materiales y el oficio del escultor le hace tener una filosofía distinta. Tienes tus sensibilidades, pero también tienes tu corteza. A lo mejor es una tontería, pero yo creo que tu cerebro acaba moldeándose y adaptándose al trabajo, a los materiales y a las herramientas.

P. ¿Cómo ve la relación actual de Murcia con la escultura?
R. En el tema de la escultura en Murcia... Aquí hemos tenido grandes escultores como Juan González Moreno, o como Clemente Cantos, al que no se le ha hecho ni puñetero caso. Lo que pasa con Clemente Cantos es que era una persona muy humilde, muy sencilla, que trabajó toda la vida aquí, al lado del Cementerio de Nuestro Padre Jesús. También tenemos a Bernabé Gil, del cual hay imaginería y obras importantes. Y luego, escultores como la copa de un pino son Paco Toledo, Luis Toledo y Pepe Toledo...

Detalle del pedestal del monumento a Ricardo Codorniú, el Apóstol del Árbol

P. Paco Toledo es el autor del monumento a De la Cierva, ¿verdad?
R. Sí, ese monumento lo restauré yo, porque el bronce estaba resquebrajado por debajo y estaba a punto de caerse. En colaboración con una fundición de Murcia, lo arreglamos hace unos tres años. Paco Toledo era un escultor impresionante, yo he restaurado varias de sus obras. Aquí, en el complejo de Espinardo, había una escultura de dos chiquillos de tamaño natural, saltando uno sobre otro, y la habían destrozado: le faltaban tres dedos, que se los habían llevado... Yo me la llevé al taller, la restauré y le soldé los dedos que faltaban, y ahora no sé dónde la tienen.

P. En cuanto a las ubicaciones que se eligen para las esculturas: ¿Qué opina de las rotondas?
R. Eso es una idiotez, una absoluta tontería. Murcia lo que necesita son buenos jardines, y la escultura tiene que ser más humilde, más sencilla, de menor tamaño e incorporada a la naturaleza; que haya un árbol, y una escultura, y que las personas se puedan sentar en un banco a contemplar tranquilamente la obra, en paz. Es absurdo poner una obra en una carretera, en una rotonda... Y luego es que las cosas que están poniendo son absurdas. Murcia tiene experiencia con la escultura, no hay porqué engañarla. A mí hay un escultor que me gusta mucho, que es Henry Moore, y ahí está su obra: ves una pieza puesta directamente en la hierba, y ves ovejas alrededor, naturaleza, vida... Eso es la escultura. Yo creo que vienen tiempos difíciles, y lo que tienen estos tiempos es que al final las aguas turbias se remansan, y se acaba viendo lo que hay. Así que, esta idea que ha tenido ahora el ayuntamiento de Murcia (en relación al proyecto del museo de José Planes en Espinardo), que es una idea un poco de Antonio Botía, que está moviendo el tema, la veo muy interesante. Ya es hora de rescatar a esos personajes que están en el olvido, que han creado la cultura de Murcia, y no dejar que nos encandilen con otras cosas.

P. ¿Puede ser un mal endémico de Murcia, el hecho de que no se reconozca a sus personajes ilustres?
R. Pues mira, Murcia siempre ha tenido un problema muy serio, y ha sido su provincianismo. Ha estado muy cerrada... Y hemos tenido grandes artistas sin reconocer, y otros a los que se les da mucha importancia. Hemos tenido grandes artistas: Párraga, Joaquín, Pedro Flores, Antonio Gómez Cano, Bonafé, Victorio Nicolás, Garay... Y sí, les han hecho alguna exposición en el Almudí, de manera puntual y tal... Antonio Gómez Cano murió sin dinero ni ayuda, nada más que la de su novia que era enfermera. Y era una figura importante. Joaquín murió tuberculoso en un hospital benéfico, y los únicos que le echaron una mano fueron Pepe Ródenas y mi abuelo. Yo creo que eso ha ido pasando a través del tiempo. Recuerdo que mi padre tuvo una bronca en el cementerio, el día que se enterró a Pedro Flores. Al entierro de Pedro Flores fueron cuatro personas, o quince, y al mismo tiempo se enterró a un conservero de Molina y aquello estaba lleno. A mi padre se le ocurrió decir, "fíjate, muere Pedro Flores y vienen quince personas, y por el conservero...". A alguien le molestó, "¿es que no se merece el conservero que venga gente a su entierro?". Pero no se trata de que se lo merezca o no, sino que un pintor como Pedro Flores, pues...

P. Pasa con los artistas y con los personajes ilustres en general, porque el legado de este hombre, de Ricardo Codorniú, es enorme, y sin embargo no es conocido como se debiera.
R. Sin embargo te voy a decir una cosa, Pedro: yo creo que lo interesante aquí es que la historia es la que va poniendo a cada uno en su sitio. Y está claro que la historia inmediata suele ser falsa. Poco a poco la historia se va depurando en el tiempo, y cosas que en su momento eran incontables, hoy nos las cuentan. Todos nos quedamos perplejos cuando nos enteramos con detalle de lo que hicieron los alemanes con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, y en aquel momento... Pero poco a poco, los periodistas, los fotógrafos, los historiadores van rescatando esas cosas y poco a poco la historia se va escribiendo. Yo pienso que lo importante es que las sensibilidades no se pierdan, y que seamos justos, y que sepamos valorar lo que nos dice nuestro criterio. Nuestro criterio es el que nos guía, y nos dice cuándo una cosa emana una fuerza contenida y sabes que detrás de eso, hay algo, y entonces investigas y descubres. Personajes como Antonio Machado, pues ahí están. Cuando acabó la Guerra Civil, tú lees los periódicos de entonces, y ves que... Pues que por mucho que te digan, tú lees a Ramón Gómez de la Serna o a Antonio Machado, y luego lees a Pemán, y mira, chico... Pues no, no es lo mismo (nos reímos).

P. Y eso pasa con todo.
R. Pasa con todo: música, literatura, poesía, pintura... Lo importante es que tengamos historia, que esto no sea un cataclismo y acabemos metiéndole fuego a nuestra cultura, como le pasó a la biblioteca de Alejandría. Parece ser que el arte, la pintura y la escultura, no son nocivos. Está claro que una mata de patatas es más importante que una escultura, porque de la mata de patatas puedes comer, y encima tiene una belleza que no tiene nada que envidiar a una escultura, pero lo malo que tiene la mata de patatas es que es perecedera y cuando llega su cosecha, pues sí que te alimenta y cumple su función, pero no la puedes mantener. Sin embargo la escultura tiene esa particularidad, que puedes ver una pieza egipcia que a lo mejor tiene seis mil años, y sigue aquí diciendo cosas. Así que es importante que, con el tiempo, a los falsificadores del arte, a esas personas que no sienten lo que hacen y que sólo buscan el protagonismo, sepamos mandarlos a hacer puñetas, y sepamos valorar a la gente que se muestra de verdad.

domingo, 3 de junio de 2012

Entrevista a José Planes Lastra (1ª Parte)


“Quiero respetar al máximo lo modelado por mi abuelo”

El ayuntamiento de Murcia encarga al nieto de José Planes la rehabilitación del busto de Codorniú, “apóstol del árbol”


Planes, rodeado de herramientas en su taller, vuelve
a dialogar cara a cara con la obra de su abuelo.

El monumento al murciano Ricardo Codorniú y Stárico (1843-1923), obra del escultor de Espinardo José Planes Peñalver (1891-1973), fue colocado en 1930 bajo el ficus de la plaza de Santo Domingo para honrar al defensor incansable de la causa forestal; al llamado "apóstol del árbol", artífice de las milagrosas repoblaciones de Sierra Espuña y El Valle. El paso de los años, el clima y la acción del hombre pusieron a la pieza en una situación límite, y el ayuntamiento de Murcia ha confiado su rehabilitación integral a la mano experta de José Planes Lastra (Madrid, 1953), nieto del autor.

Pregunta. ¿Cuál es el estado del momumento?
Respuesta. Según han ido pasando personajes por la concejalía de Jardines del ayuntamiento, han ido haciendo un pequeño desastre...

P. Es decir, que no muy bueno.
R. Pues mira... Por un lado lo cambiaron de posición, luego le quitaron un plinto de piedra bajo el pedestal que elevaba la pieza a su altura... Y le han hecho restauraciones que son un desastre. Mi abuelo hizo el pedestal en piedra de Abarán, un material poroso, y las restauraciones consistieron en darle capas y capas de pintura. Al estar situada en la tierra y rodeada de goteros, la piedra cogió humedad, y al pintarla se impermeabilizó y se le impidió respirar. La humedad ha ido descomponiendo la piedra por dentro. Además, a la niña que hay esculpida en el pedestal le restauraron los pies con cemento blanco... Un desastre.

P. ¿Cómo se pueden solucionar esos errores?
R. En esta primera fase he quitado todo lo que han ido poniéndole al pedestal. Luego voy a devolverle su estado original recomponiendo con plastilina las partes que faltan, y después voy a sacarle un molde. Más tarde consolidaré el pedestal y si no es posible dejarlo en condiciones óptimas para estar en la calle, propondré al ayuntamiento sacar con el molde una réplica en piedra artificial, más resistente, y conservar el original en un museo u otro lugar protegido.

P. ¿Y cómo está el busto de Ricardo Codorniú?
R. El material del busto es mármol de Carrara y ha resistido bien, aunque le han roto la nariz y las orejas por lo menos dos veces. Tiene tres agujeros y dentro había restos de una especie de mortero; imagino que ahí le fijaron una nariz de cemento. Además en el interior, por debajo, le metieron un hierro corrugado que ya le estaba creando óxido.

P. Quizá lo hicieron para fijarla al pedestal y evitar un posible robo. ¿Qué pesa el busto?
R. Pesa mucho, unos 250 kilos. Lo que pasa es que no se debe meter hierro en el mármol, porque una vez que se filtra el óxido, eso ya no hay quien lo quite. Afortunadamente lo he limpiado todo con jabón antiguo y se ha quedado bien.

P. ¿De qué forma recompondrá las partes destruidas?
R. Como hay dos copias de la pieza, una en el Retiro, en Madrid, y otra en Sierra Espuña, iré a Sierra Espuña a sacar una impresión en barro a la nariz y a las orejas para hacerlas iguales, les haré un molde en escayola y después usaré la escayola para sacar la nariz y las orejas en mármol.

P. ¿Va a emplear el mismo tipo de mármol?
R. He buscado, pero encontrar un mármol de Carrara como éste es muy difícil. Como la pieza tiene una base amplia, la aprovecharé para darle un corte por debajo y de ahí sacaré una esquirla para hacer la nariz y las orejas con el mismo mármol.

P. ¿Se notará la diferencia?
R. No, al ser el mismo mármol la diferencia de tonalidad será mínima. Es la mejor opción. Lo que no quiero es quitar nada de lo que hizo él, quiero arreglar lo roto y respetar al máximo lo modelado por la mano de mi abuelo. En la nariz hay menos problemas, pero en las orejas faltan capas muy finas y será más difícil. Aunque sea lo más sencillo, no quiero quitar las orejas enteras y hacer otras nuevas. Ahí voy a tener que hacer un trabajo muy fino para que se quede bien.

P. No es la primera vez que rehabilita una obra de su abuelo.
R. No, he trabajado mucho su obra. Desde que tenía tres años, cuando vivíamos en Madrid, me pasaba el día en su estudio. Me interesaba la escultura. Recuerdo que él me daba barro y yo le hacía unos cristos pequeños, y me daba otras tareas para que lo dejara trabajar en paz, como enderezar púas. A los trece años dejé los estudios y me puse a hacer escultura. He restaurado alguna de sus obras importantes.

Tal y como se anunció en la prensa local, el plan de restauración prevé colocar de nuevo el monumento en la plaza de Santo Domingo el próximo martes 5 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Medio Ambiente. Una vez acabados los trabajos de rehabilitación y devuelta la pieza su lugar, se considerará la conveniencia de sustituir el pedestal, el busto o ambos por una réplica, conservando los originales en el emplazamiento que decida el ayuntamiento de Murcia.

martes, 29 de mayo de 2012

"La pintura no soluciona los problemas pero crea belleza"

Entrevista al pintor Antonio "Nono" García


Que una persona pueda hacer lo que más le gusta y que además se gane la vida con ello, se podría considerar un privilegio, pero en el caso del pintor Antonio “Nono” García (Mula, 1972) la palabra privilegio no tiene el sentido de prebenda caída del cielo y obtenida sin esfuerzo. Y menos en los tiempos que corren. Antonio habla con naturalidad -y con cierta timidez- de su pasión, que es a la vez su trabajo, y también de su próxima exposición individual.


Pregunta. La semana que viene pone rumbo a Asturias.
Respuesta. Sí, inauguro el jueves 24 de mayo en la Galería Cervantes de Oviedo. Expuse allí en 2008 y ahora he ido aplazando la nueva exposición porque tenía otros proyectos.

P. Buena señal, con la que está cayendo. Y quizá más en el arte.
R. Con la crisis, ésto es como una criba en todas las profesiones y algunos se van quedando en el camino. A todos nos está costando mucho, y cuando hablo con otros pintores, coincidimos en que estamos trabajando y exponiendo el doble para ganar la mitad. Aquí la cosa está peor, pero tengo la suerte de trabajar con muchas galerías de fuera de Murcia.

P. ¿Cómo lleva conjugar su forma particular de expresar en la pintura, con el hecho de tener que vender cuadros para vivir?
R. Nunca he tenido ese dilema. Siempre he dicho que tengo la suerte de pintar lo que me gusta, y lo que pinto gusta al público en general. Evidentemente, no puedo gustar a todo el mundo, pero mis cuadros se venden bien y me permiten vivir de la pintura sin necesidad de forzar temas más comerciales.

P. ¿Cuándo comenzó a vivir sólo de la pintura?
R. Desde 2003. Antes trabajaba en El Corte Inglés vendiendo equipos de música. Lo dejé para dedicarme a pintar y me fue bien. Llevaba dos años conjugándolo con mi trabajo para una galería de arte, y por entonces la pintura ya me daba satisfacciones.

P. No fue un salto al vacío.
R. No, ya lo vendía casi todo en las exposiciones y había comprobado que funcionaba.

P. ¿Cómo reaccionó su familia? ¿Se llevaron un disgusto sus padres?
R. Yo ya estaba casado, y mi mujer siempre me ha apoyado mucho porque es joven y lo entiende más, pero decírselo a mis padres me imponía bastante. Para la gente mayor, eso de dejarte un trabajo fijo para dedicarte a la pintura.... Y me sorprendió. Cuando se lo conté a mis padres, me apoyaron igual que mi mujer.

P. ¿Cómo sintió la llamada de la pintura? Algunos artistas lo relacionan con el destino o con algún hecho traumático...
R. En mi caso, desde crío me recuerdo dibujando y participando en concursos en el colegio. Los críos son muy creativos, y algunos luego derivan hacia otras cosas como el deporte, pero yo seguí pintando hasta que me di cuenta de que la pintura me podía dar más satisfacciones; que podía ser más que un hobby y convertirse en mi oficio.

P. La pintura y usted se encontraron mutuamente.
R. Realmente yo me encontré con la pintura; cuando me vine a dar cuenta, ya me dedicaba a esto. No es que me propusiera que tenía que ser pintor a toda costa. Trabajaba en otras cosas pero la pintura siempre estaba ahí, en un segundo plano. No era mi sustento pero era lo que más disfrutaba.

P. Fue una cosa natural.
R. En mi vida todo ha sido así. Me he esforzado y nunca he dejado de pintar.

P. Usted es de Mula. El pintor Pedro Cano dice que en los sitios pequeños también se hacen grandes cosas.
R. En mi caso, es que además mis grandes referentes, Pedro Cano y Ramón Gaya, son de Murcia, y parece que eso está mal visto. La gente dice, “a mí me ha influenciado fulanito, que está en Nueva York”, y algunos te miran por encima del hombro porque digas que tus referencias son dos ‘murcianicos’. Yo estoy muy orgulloso de eso porque es la pintura que he mamado.

P. Tampoco hay que formarse muy lejos. Usted estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia.
R. Sí, porque por entonces aquí no había facultad de Bellas Artes, y eso de irme a Granada o a Valencia me daba mucha pereza. En Artes y Oficios había un gran nivel y aprendí mucho; aprendí a dibujar, que es lo más importante, es la base de toda la pintura.

P. El tópico dice que para ser excepcional, además de dominar la técnica, el artista debe ser un personaje excéntrico.
R. Chiflados hay en todos los gremios. Es cierto que tenemos una sensibilidad distinta para percibir el mundo que nos rodea, pero eso no nos hace especiales ni más excéntricos que el resto.

P. Y se mire como se mire, no se puede decir que el mundo que nos rodea vaya bien.
R. Sí... Cuando veo la prensa, sufro mucho con las desigualdades que hay. Me hierve la sangre. En España estamos viendo cosas que hace años eran impensables. Es cierto que había mucho especulador, y ahora piensas, “se lo merecen”, pero hay otra mucha gente que no ha especulado ni ha vivido por encima de sus posibilidades, gente que ha trabajado mucho y lo está pasando mal, y le quitan la casa... Estoy desencantado de la política, no hay colores, ninguno soluciona nada.

P. ¿La pintura puede dar respuesta a todo eso?
R. Con la pintura te puedes evadir. Cuando pinto, estoy pensando en otra cosa; si pintara pensando en cómo está el mundo, me saldrían unos cuadros horribles. No creo que se puedan solucionar los problemas
con la pintura, pero se puede crear belleza. Así es como lo veo yo. Hay gente que hace una pintura provocativa... A mí me gusta crear algo que no existía, como un bodegón que en apariencia pasa inadvertido, y a partir de ahí crear algo bello. Ese es mi granito de arena, darle al mundo un envoltorio más bonito.

P. No suele pintar personas. ¿No le interesan?
R. He pintado alguna pero no es lo que más me interesa ahora mismo. Lo bueno de la pintura es que hoy digo esto, pero a lo mejor mañana me viene un flash y me tiro quince años pintando personas. También
me gustaría hacer más cuadernos de viaje, pero cuando viajo pienso más en el turismo gastronómico; me gusta mucho. Por ejemplo, la semana que viene me voy a Asturias y ahora sólo pienso en la fabada y en la sidra.

Perfil
Antonio “Nono” García es un artista reposado y humilde, como muchos de sus bodegones. En ellos, los vasos de cristal, los cacillos metálicos y los platos de cerámica, que no parecen darse mucha importancia, se
nos muestran bajo una luz suave que los envuelve y que diluye sus contornos. En las maneras del pintor se adivina la misma perplejidad que transmiten los objetos de sus cuadros al sentirse observados: “Me alucina que la gente me llame para hacerme entrevistas. ¿A quién puede interesarle lo que yo diga?”.


viernes, 18 de mayo de 2012

Equo Murcia busca un espacio en la sociedad

Nota: esta entrada es una práctica de Periodismo (como otras que he ido colgando). El género de este texto es el de la crónica política, y lo elaboré a partir de una reunión de la Mesa de Coordinación de Equo Región de Murcia a finales de abril.


No toda la actividad política se desarrolla en el seno de las instituciones ni en la sede de los grandes partidos. Hay formaciones sin representación municipal, autonómica ni estatal, que luchan por mantener viva su acción aunque sea de manera casi clandestina, y que afrontan un trabajo duro y doble: por un lado, hacerse visibles en la sociedad e influir en la toma de decisiones de los gobernantes, y por otro, no dejar de trabajar en su estructura y en su organización interna. Esa es la situación actual de Equo Región de Murcia, el partido ecologista fundado en octubre de 2011, cuya cara visible a nivel nacional es Juan José López de Uralde, ex presidente de Greenpeace España -todo el mundo lo recuerda por su irrupción en la Cumbre del Clima de Copenhage-, y que en nuestra región tuvo como cabeza de lista en las pasadas elecciones generales a Inmaculada Perán.

Bebidas ecológicas, papeles e ideas en la reunión de Equo Murcia


La Mesa de Coordinación de Equo reunió ayer por la tarde a once de sus miembros en un restaurante de la ciudad de Murcia. Entre los temas de la agenda se encontraban la  preparación de la asamblea regional del partido -que tendrá lugar el 2 de mayo-, la coordinación de sus grupos de trabajo -que se reúnen todas las semanas-, y la forma de aportar iniciativas a la Comisión de Desarrollo Socioeconómico que creó el Ayuntamiento de Murcia a inicios de legislatura, a propuesta del grupo municipal socialista. Y todo ello con un objetivo permanente de fondo: seguir creciendo.

Crecer por dentro y por fuera no es fácil para un partido nuevo. La estructura de Equo podría parecer un obstáculo, aunque el único impedimento que genera su horizontalidad -y que es asumido por los miembros del partido- es la mayor lentitud del proceso. Cuanto más horizontal sea Equo, más tardará en organizarse y en crecer, pero se supone que de ese modo sus cimientos y su estructura serán más sólidos. Uno de los lemas del “15-M” se podría aplicar perfectamente al modus operandi y vivendi de Equo: “vamos despacio porque vamos lejos”. Sin embargo, la mayor dificultad radica en el poco dinero que con el que cuentan, así como en la falta de representantes en las instituciones y en la búsqueda de un espacio propio, tanto físico como político. “Todo es más difícil sin dinero”, afirmó anoche Perán con resignación; desde la campaña electoral en las elecciones generales, hasta los desplazamientos -el próximo, a Madrid, le llevará al Primer Congreso Federal de Equo- es sufragado por los bolsillos de sus miembros y por el dinero obtenido de sus afiliados -en Murcia cuentan con unos 70 socios-. Al no tener dinero tampoco pueden tener una sede, de manera que su trabajo tiene lugar en bares y cafeterías. Tampoco ayuda la ausencia de Equo en las Cortes, circunstancia que se comprueba en sus reuniones: un partido político que contó con el respaldo de cerca de 300.000 votos en las elecciones generales del 20-N -de los que unos cuatro mil fueron murcianos- pero que no tiene representación parlamentaria, es como un superhéroe sin superpoderes; como superman sin su capa. Todo se complica porque las ideas no pueden llegar a materializarse, aunque sus miembros no se muestran deprimidos. Muy al contrario: la Mesa de Coordinación de Equo es como una reunión de vecinos, pero con ilusión y sin ganas de acabar cuanto antes y de refugiarse en el sofá de casa. Allí no se habla de derramas ni de la limpieza de la escalera sino de un gran proyecto ideológico, expresado con más o menos concreción en gestos, planes, objetivos... Al llegar a la cita, todo el mundo se estrecha la mano o se da dos besos; todos se miran a los ojos y se llaman por su nombre. La horizontalidad, a pesar de su considerable número de votos, se percibe en la falta de aparatosidad y en la sencillez de las formas, alejadas del ritual estético de los grandes partidos. Pero sin herramientas es muy difícil.

Trabajar para participar
Y participar para trabajar. La conquista del espacio político en un partido sin representación obliga a no detenerse. Y uno de los puntos que trató anoche Equo Región de Murcia fue la invitación de Izquierda Unida para participar en la Comisión Municipal de Desarrollo Socioeconómico. Dicha Comisión, que creó el ayuntamiento de Murcia -PP- a propuesta del PSOE, está formada por los cuatro partidos con representación municipal -los tres citados y UPyD-, pero se quiere abrir a las propuestas de otras formaciones políticas, asociaciones y colectivos de índole variada, con el fin de ofrecer alternativas y canalizar ideas que sirvan de revulsivo a la ciudad en estos tiempos de crisis. Varios miembros de la Mesa de Coordinación de Equo expresaron sus reticencias, en cuanto a que llegar a la Comisión de la mano de otro partido podría desdibujar la independencia y la propia idiosincrasia de la formación ecologista. También hubo quien lo analizó en sentido contrario: Equo podría servirse de dicha invitación para aumentar su visibilidad y atraer a posibles simpatizantes con sus propuestas. Ahora bien, el argumento que todos compartieron es que “al menos así nos ponemos las pilas”, porque estar fuera de las instituciones no debe dejarte fuera de juego. A Equo le aguardan días intensos de trabajo en Internet con la “Equomunidad”, otro de sus ambientes naturales, para elaborar sus propuestas y presentarlas a la Comisión y a Murcia. “Utopía” fue una de las palabras más repetidas en la reunión, siempre con la esperanza de verla convertida en realidad.

Un vegetariano (este es el título de un pequeño despiece dentro de la crónica)

El restaurante vegetariano La Casa de Murcia (calle Acisclo Díaz, esquina con Gómez Cortina) fue escenario de la reunión de la Mesa de Coordinación de Equo; y más que vegetariano, vegano. Para los legos en la materia: el vegano rechaza todo alimento de origen animal -como huevos y lácteos- además de prescindir del pescado y la carne. En La Casa, y a medida que los pequeños cuadernos iban cazando las ideas generadas por el debate, la mesa se fue llenando de bebidas ecológicas, como los refrescos de litchi y de cola; no son nada baratos pero saben bien y sientan mejor.

sábado, 12 de mayo de 2012

Entrevista a José Antonio Trigueros - Director del Museo de la Catedral de Murcia

José Antonio Trigueros (ENFOQUE/LV)


"El museo sigue abierto
porque hemos sido un poco héroes"


El fin de las subvenciones de la Consejería de Cultura deja en el aire el futuro de la institución



La crisis extiende sus efectos negativos a todos los ámbitos de nuestra sociedad, y de entre ellos, la cultura aparece como uno de los más indefensos por generar un beneficio a largo plazo y difícilmente calculable en términos económicos. En enero de 2011 cerró sus instalaciones el Museo Chillida-Leku; en marzo de 2012, el Museo de la Catedral de Murcia -que fue reinaugurado en 2007 tras varios años de acondicionamiento y mejora- anunció su cierre inminente por falta de dinero. Una pequeña inyección económica de la comunidad autónoma ha permitido a la institución continuar su labor, pero el futuro aún es incierto. Su director José Antonio Trigueros no desiste en el empeño.

Pregunta: ¿Cuál es la situación del museo un mes después de haber evitado el cierre?
Respuesta. El museo no está definitivamente salvado. Estamos haciendo gestiones para tener consistencia. La Consejería de Cultura nos ha dado sólo una cuarta parte de la subvención que nos deben, y que teníamos acordada y firmada para el año 2011. Aunque la expresión es un poco bárbara, estamos con la soga al cuello, y lo que hemos hecho es dirigirnos a una serie de personas que pensamos que pueden ayudarnos. Les he escrito una carta exponiendo nuestra situación, y les he dicho que queremos visitarlos para ver si quieren colaborar con nosotros y ayudar a que el museo siga abierto.

P. Cuando dice que han contactado con personas, ¿se refiere al sector privado, o a la propia administración pública?
R. Hay de todo. Nos hemos fijado en las personas y en su capacidad de recepción, en su cargo, y sabiendo además que tienen buena voluntad, que se van a fiar de nosotros y van a querer colaborar por las piezas de arte únicas que conserva el museo.

P. El Museo de la Catedral es de los pocos de la ciudad que cobra un precio por la entrada. ¿No es suficiente con ese recurso?
R. No, el gasto es mucho mayor. Poner en marcha un museo supone contar con guías, seguridad, limpieza, electricidad, conservación... Para que funcione bien hay que contar con todos esos gastos y nosotros no malgastamos ni un céntimo. No queremos cobrar una entrada muy grande para que la gente no se retraiga, pero quizá tengamos que revisar el precio, con moderación, porque sabemos cómo está la situación.

P. ¿Qué gastos se pueden cubrir con la venta de entradas, y cuáles con la subvención?
R. Con la subvención se cubría todo el gasto del museo. Lo que se saca de las entradas da para cubrir gastos accesorios y, digamos, pequeñas cosas. Se cobra una entrada simbólica y queremos seguir así, si podemos.

P. Además del dinero público, ¿existe posibilidad de contar con algún patrocinio por parte del mundo empresarial?
R. Hasta ahora teníamos un convenio firmado con la Consejería de Cultura por el que nos abonaban 240 mil euros anuales. En 2011 no lo cobramos, y después de tener una conversación un poco áspera, nos han dado una cuarta parte y nos han dicho que en 2012 no van a dar nada. Entonces nos hemos puesto en contacto con una serie de personas y entidades que quizá quieran ser nuestros mecenas, para explicarles las necesidades del museo y cubrirlas. No queremos ganar dinero, pero sí que hay que satisfacer unos gastos mínimos.

P. ¿La Diócesis de Cartagena no dispone de un fondo para contribuir al mantenimiento del museo?
R: No, de la Diócesis no recibimos ni un céntimo porque el Obispado tiene muchos gastos.  El museo funciona como una cosa del Cabildo de la Catedral, al que rendimos cuentas a final de año. Esas cuentas también las ve el señor Obispo, porque ésto es un bien eclesiástico. Del año 2011 no tenemos nada que presentar y el Cabildo no tiene fondos. La Catedral se mantiene... Lo único que percibimos los canónigos es el expendio de la misa: diez euros al día.

P: ¿No se han planteado cobrar la entrada para visitar el templo, como sucede en otras catedrales?
R: Lo hemos pensado, y si lo hacemos, será para cubrir las necesidades de la misma Catedral, porque no llegamos. Hemos pensado hacer visitable museisticamente la Catedral previo pago durante determinadas horas del día.

P: ¿Cuántas personas trabajan en el museo actualmente?
R. Diez personas, entre los vigilantes que están día y noche, los guías, la limpiadora... Además, se sube a la torre de la Catedral, que es una de las cosas que más gusta al visitante, y hace falta personal. Hace años se subía a la torre sin control y se estaba deteriorando. Ahora se sube con un guía y con seguridad, y se explica el campanario.

P. A corto plazo, ¿cuál puede ser la solución para que la institución que usted dirige permanezca abierta?
R. Vamos a ver el resultado de las cartas que hemos enviado a estas personas, para ver si quieren comprometerse con el museo. Con sacar dinero para cubrir los gastos, es suficiente. No queremos ganancia alguna, ganar dinero no es nuestra finalidad; es presentar nuestro material artístico para disfrute del visitante.

P. En la actualidad, cualquier cosa que no aporte rentabilidad económica inmediata parece estar en peligro, pero es difícil que un museo genere beneficio.
R. Sí, sí, y por eso depende de las personas a las que hemos escrito. Hemos procurado que sean personas un poco sensibles a los valores artísticos de un museo de esta categoría, para que no lo vean como una cosa disparatada sino  como algo en lo que merece la pena colaborar para seguir funcionando y mostrando piezas de gran valor. Sabiendo que son personas de buen criterio, esperamos que la carta que les enviamos la semana pasada pueda tener efecto. Entre entidades y personas, son unas diez o doce personas.

P. El cierre sería un desastre en todos los sentidos.
R. Sí, y hemos estado a punto. Sigue abierto porque hemos sido un poco héroes. En estos cuatro meses que llevamos de 2012 estamos funcionando con palicos y cañicas. Hemos hecho filigranas con el poco dinero que nos quedaba, y ahora tengo que pedir prestados dos mil euros a la Catedral para pagar unos gastos pendientes.

P. En el peor de los casos, imagine que el museo cierra: ¿qué pasaría con las diez personas que pierden su empleo, con las obras de arte y con la torre?
R. No sé si por ser un poco utópico, a mí me parece que las personas a las que nos hemos dirigido, que tienen buen criterio, se fiarán de nosotros. Quiero creer que no se va a dar el caso, pero si tuviéramos que cerrar, lo sentiría y me dolería muchísimo.

-> Entrevista realizada a mediados de abril, como ejercicio de prácticas de 4º de Periodismo.
-> Muchas gracias por su amabilidad y ayuda a José Antonio Trigueros y a Raquel Trigueros.



miércoles, 25 de abril de 2012

Es el momento de la bicicleta

Cuando analizamos una situación engorrosa o que produce efectos negativos, y vamos tirando del hilo y enlazamos varias circunstancias que son a la vez causa y consecuencia, solemos zanjar nuestra argumentación con una sentencia muy popular, con una frase lapidaria que nos sume en el desánimo y/o nos encoge de hombros: "ésto es la pescadilla que se muerde la cola". Hoy en día nos vemos rodeados de muchas pescadillas que se muerden la cola, y parece que lo hacen de manera irremediable; que no se puede cambiar nada, que la pescadilla es ajena a nosotros. En muchos asuntos públicos la pescadilla somos nosotros, pero sólo parcialmente. A la totalidad se suma la clase dirigente, la que rige los destinos colectivos de forma particular olvidándose de representar al pueblo; justificándose en la representatividad de su cargo para no representarnos en nada. Ellos gobiernan y administran, y tienen una gran responsabilidad, pero todos (ellos y nosotros) deberíamos abrirle la boca a la pescadilla y decirle que busque otro bocado más provechoso. El fin de esta entrada, como informa su título, es la bicicleta y su momento, justo este momento. Creo que estamos en el momento de la bicicleta en Murcia. El escaso uso de la bici en nuestra ciudad se solía (y se suele) explicar como una concatenación de hechos al estilo pescadilla: la gente no coge la bicicleta porque es peligroso, así que decide coger el coche, pero cuantos más coches haya por la ciudad, más peligroso será usar la bici. ¿Qué hacemos? Hay que abrirle la boca a la pescadilla y soltarle la cola.

En los últimos años, el ayuntamiento ha hecho algunos kilómetros de carril-bici en avenidas de nueva factura, en zonas periféricas y en algunos lugares totalmente inhóspitos (aunque esos metros contabilicen con igual valor en su ego, como demostración "autobombística" de su fomento de la bicicleta). En otras calles han manchado un poco el asfalto con esa pantomima llamada "calzada compartida", lo que me llena de perplejidad: el espacio que hay entre las calles con calzada compartida y aquellas que tienen carril-bici, ¿cómo lo recorre una bicicleta? ¿Volando? También han creado una especie de programa municipal de alquiler de bicicletas, agotando las unidades en tiempo récord (y por cierto, yo a penas las veo por la calle; espero que no estén cogiendo polvo en el trastero de las casas de la playa, porque hubo gente que se quedó sin bici y de verdad la quería para desplazarse por Murcia). Otra acción ha sido colocar unos aparcamientos-VIP de bicicletas; no los clásicos palos puestos en el suelo, sino los que tienen paredes y techo y una cerradura. Existe el plan municipal de marcaje de bicicletas, previo pago, para asignarles un código y disuadir a los cacos. Y hubo una acción más, meramente estética y propagandística, excéntrica o al menos incomprensible, que fue la colocación de una bicicleta luminosa coronando la decoración navideña de un árbol en la Plaza Díez de Revenga. Añado que estas acciones no me parecen mal en sí mismas, pero son insuficientes. No responden a una apuesta seria y decidida por la bicicleta como medio de transporte urbano, por mucho que se engloben bajo la pomposa palabra "Plan". Si el plan persigue fomentar el uso de la bici, dicho plan no tiene ruedas.

No siempre puedo ir en bicicleta. Cuando tengo que transportar a mis dos hijas antes de ir a trabajar, me veo obligado a coger el coche, y una vez que las he dejado en sus respectivos colegios, me veo obligado a cargar con mi vehículo motorizado y a soportar atascos, zona azul con sus correspondientes multas y gasto en combustible. Y me veo obligado a contaminar, algo que me molesta profundamente. ¿Es eso libertad? En los semáforos miro a mi alrededor y veo las caras de los otros conductores, tan hastiados y malhumorados como yo. Entonces veo pasar a alguien en bicicleta y siento envidia: eso sí es libertad. El ciclista no suele tener cara de enfadado, por algo será. Como mucho, tiene cara de concentración para evitar que lo limpie un coche, un autobús o uno de esos motoristas nerviosos que piensan que los carriles no son cosa suya. El ciclista va concentrado, dando pedales sin excesivo esfuerzo por una Murcia llana y benévola: no tiene las cuestas de los Alpes y, en parte por desgracia, tampoco tiene la lluvia de Amsterdam, la ciudad en la que vi por primera vez un uso masivo y alegre de la bicicleta con el hándicap de un clima hostil. Murcia, ciudad de la bici; pues sí, perfectamente, sin problemas, pero hay que hacerlo. No sé si es porque de un tiempo a esta parte me fijo, pero hay mucha más gente en bici que antes; gente de todo tipo, desde ejecutivos (como en Londres, la primera ciudad donde vi tipos trajeados en bicicletas, con sus documentos en alforjas), a estudiantes, personas mayores, padres y madres con sillitas de niño, etc.

Veo muchos ciclistas, cada vez más, y percibo que no existe un orden, que la ausencia de un verdadero plan nos está llevando al caos o, como poco, a situaciones tensas. Con un carril-bici en condiciones, ¡es todo tan simple! Pero sin él, la cosa se complica. Cuando voy en bici, me pregunto: ¿acera o calzada? Si voy por la calzada, según en qué calle, corro peligro; si voy por la acera voy más seguro. La mayoría del tiempo voy por la acera, pero despacio si toca ir despacio, respetando al peatón y teniendo en cuenta que, hasta que alguien no solucione el problema, ese espacio es principalmente para el viandante. A veces echo el pie a tierra para demostrarle al receloso peatón que viene de frente, allá a unos metros, que no soy un ciclista hostil. Pues bien, aún así, he tenido que escuchar a alguien refunfuñando, emitiendo alguna queja velada sin mirarme a los ojos. "Justos por pecadores", sentencia bíblica. Lo reconozco, he visto a algunos ciclistas gilipollas perdidos, haciendo zigzag por aceras estrechas o por plazas y sorteando a personas mayores y a niños, con lo impredecible que es la trayectoria de un niño... Un día en el entorno peatonal de la Catedral, una señora en bici casi atropella a mi hija mayor. No iba muy deprisa y tampoco iba despacio, pero sobre todo, no iba pendiente. Mi mujer gritó para advertir de la situación, mi hija se quedó quieta, la mujer frenó y la bici cayó después sobre mi pobre cría sin más consecuencias que el susto. Otro día mi padre cruzó una calle de sentido único, mirando en la dirección en la que podía venir algún vehículo, y una bici que circulaba en dirección prohibida lo atropelló y lo tiró al suelo; tampoco hubo mayores consecuencias que el susto y el enfado. No culpo a tooodos los ciclistas por esos dos hechos, y de verdad, agradezco a cada uno de los ciclistas responsables y respetuosos que hayan elegido la bici para desplazarse. Lo harán por muy diversos motivos, no me importan, pero en lo que a mi familia y a mí mismo respecta, ninguno está llenando el aire de CO2. Todos están haciendo de mi ciudad un lugar más humano y habitable. En eso pienso cuando puedo ir en bici a trabajar: ahí la tengo, aparcada justo en la puerta, esperando para llevarme en diez minutos hasta la puerta de mi casa mientras la brisa me roza el careto. Encima, en esos trayectos me siento un poco crío, con el gusto que da una vez pasas la treintena.

Remataré esta entrada de manera breve porque se me ha quedado más larga de lo que quería: en Murcia hace falta un Plan de la Bicicleta con mayúsculas, ambicioso, y ese plan pasa por hacer carril-bici en el centro, en todas y cada una de las calles y avenidas de Murcia; un carril autónomo, señalizado y seguro. Si hay que quitarle espacio a los coches, que se quite. No sería excesivo y saldríamos ganando todos. Hace poco, la consejería de José Ballesta hizo un estudio sobre movilidad y determinó que la inmensa mayoría de los desplazamientos en el municipio de Murcia son de menos de tres kilómetros. De hecho, por ejemplo el mío (el que separa en línea recta mi casa de mi trabajo, sin contar con los desplazamientos a los colegios) es de tres kilómetros. Hay quien no puede coger la bici porque su trayecto es más largo y complicado, pero los demás, podrían (podríamos) optar por la bicicleta si se ordenara la convivencia entre los conductores de vehículos a motor, los peatones y los ciclistas. Hace falta un carril-bici a lo largo y ancho de nuestra ciudad, y no es una gilipollez. No sería una acción menor, sería una grandísima acción, una apuesta real por un transporte sostenible y una excelente noticia de cara al futuro. De ese modo, el que tuviera dudas dejaría de tenerlas y la pescadilla dejaría de morderse la cola. Justo ahora, es el momento de la bici.


sábado, 14 de abril de 2012

Revisión sardinera

Con los años y la experiencia, he ido sometiendo a revisión algunas de las ideas que tenía en mi disco duro desde que era pequeño; he desechado unas y reforzado otras. Algunas de mis ideas han acabado en la basura y a otras las he grabado en mi bandera. Y más que tendré que tirar, y más que tendré que grabar. El rango es amplio y abarca desde los gustos más simples hasta los esquemas mentales básicos. Por ejemplo, muy atrás ha quedado mi pasión por la playa, por el verano y por el calor. Muy atrás se quedó mi adoración por los coches. Atrás se va quedando mi gusto por el bullicio de la ciudad. Hoy me quedo con la lluvia, contemplada a cubierto y con un café en la mano, si puede ser. Me quedo con la vista de una montaña llena de árboles, con el otoño y con un poco de fresquete. Con la tranquilidad y con el silencio. Cualquiera dirá que se me nota la edad... Bueno, también dicen que con los años uno se hace más conservador, y yo puedo decir que nunca lo he sido, pero que ahora lo soy menos. No me explico cómo se acomodan algunas personas cuando se hacen mayores... ¡Debería ser todo lo contrario! Por nuestros hijos y sabiendo lo que sé, ahora soy más rebelde que antes (aunque sólo sea de palabra, me cago en todo).

En el catálogo de cosas menos trascendentes en las que he cambiado, ocupa un lugar la fiesta de "El entierro de la Sardina". De pequeño me encantaba, y torturaba a mi padre para que, bolsa en mano, me pillase unos juguetes. Ahora sólo quiero huir en dirección contraria. No es mi intención ofender ni convencer a nadie, esta entrada es la simple exposición de mi pensamiento. He crecido y he visto el mamoneo de la aristocracia organizadora de esta fiesta. He visto a quién se elegía Doña Sardina (básicamente modelos guapas y famosas) y Gran Pez (básicamente periodistas de éxito en medios conservadores). He visto hordas de personas sin cultivar tomando mi ciudad, campando a sus anchas por los bares de las tascas, buscando gresca y encontrándola, generalmente con personas más o menos cultivadas que sólo quieren bailar un rato. He visto a empresarios respetados en estado de embriaguez colocando pegatinas en las pecheras de las mujeres que transitan por la calle. He visto cosicas que me repelen, y claro, seguro que diciendo esto cometo alguna injusticia; no lo sé, pero quizá hay quien vive esta fiesta de otro modo. Me alegro, que la disfrute. A mí El Entierro de la Sardina no me gusta, pero la fiesta nunca está de más y todo es cuestión de cómo te lo montes.

Ahora voy a contar una anécdota al respecto del Entierro de la Sardina, para que no se quede ésto tan áspero. Cuando trabajaba en el Museo Arqueológico de Murcia, un mañana de nuestras Fiestas de Primavera (ya se había pasado el Bando de la Huerta, así que sería miércoles, jueves o viernes) se acercaron unos ingleses al mostrador para formularme algunas preguntas de turista curioso (un guía siempre agradece el interés de un visitante amable). Querían saber cosas sobre los musulmanes que fundaron Múrsiya, sobre la huerta, sobre la gastronomía y sobre la semana de fiestas que se estaba celebrando; lo normal. Antes de irse, uno de ellos me preguntó el motivo de que la gente fuera por la calle "con esos trajes tan extraños". Yo automáticamente pensé en las barracas y en las peñas huertanas, como si no hubiera nada más en Murcia durante esos días, y les expliqué que esos trajes eran las ropas tradicionales de los murcianos de la huerta. Les vi sorprendidos, casi patidifusos. Con mi inglés, que es bueno pero que algunos días depende mucho de la inspiración, incidí en mis explicaciones y las acompañe con gestos: "es el traje que llevaban los murcianos para trabajar en la huerta". Después de unos segundos más de perplejidad, sonrieron, me dieron las gracias y enfilaron la salida del museo. Entonces el extrañado fui yo: "¿Por qué les cuesta tanto creer que los refajos y los zaragüelles formen parte de la vestimenta tradicional de Murcia?". Les seguí con la mirada, y cuando ya estaban abriendo la puerta de cristal del museo, vi pasar por la avenida de Alfonso X el Sabio un montón de sardineros con sus pitos y sus capas, con esos tejidos sedosos y brillantes como las ropas de Rappel, con sus cubatas en la mano y sus silbatos en la boca, abrazados de dos en dos y bailando al ritmo de alegres tonadas. "¡Ay, la hostia!", comprendí. Si alguno de vosotros va a Reino Unido, y decís que sois de Murcia-España, y un inglés os dice que ha estado por aquí y que menudos trajes llevan los huertanos, y que vaya canciones populares más raras (Shakira, Zapato Veloz y Ricky Martin), habréis encontrado a mis turistas.

En fin, que viva la fiesta, que viva siempre, pero yo sigo prefiriendo el Bando de la Huerta. Lo prefiero aun pesar de los excesos etílicos de críos a medio cultivar, de las ambulancias y de los de las motos de gran cilindrada. En una noche como la de hoy, mi único interés es refugiarme en casa y que salga el sol por Antequera.

Para acabar, hoy meto a Jaime Urrutia y su "¡Qué barbaridad!". Por los clavos de Cristo, no paran de salir noticias que me dejan de piedra.



martes, 3 de abril de 2012

Viajando hacia la integración


El turismo homosexual abre nuevas oportunidades
de negocio para el sector
e intenta derribar barreras



La frase “los tiempos están cambiando” dibuja un escenario negativo para algunas personas, pero para otras supone la normalización de su existencia a nivel personal y social. Hace muy pocos años la homosexualidad era considerada una desviación y una enfermedad, y los homosexuales permanecían encerrados en su silencio. Hoy aprovechan su tiempo de ocio, viajan en pareja o en grupo y demandan un tipo de oferta que se amolde a sus intereses. El sector turístico, siempre atento a todas las oportunidades de negocio, ya ha clasificado el fenómeno como “turismo gay” y hasta se han hecho los primeros estudios sobre su impacto económico. A ellos se refirió el consejero Pedro Alberto Cruz en la Feria Internacional del Turismo, al afirmar que ese tipo de turismo “aporta un diez por ciento del volumen de negocio del sector turístico internacional y constituye uno de los sectores emergentes y más innovadores, por el que están apostando numerosas ciudades". El titular de Cultura y Turismo de Murcia, que anunció la intención de su departamento de fomentar el turismo gay en la región, pretende impulsar la organización de actividades como ciclos de cine en la Filmoteca Regional, exposiciones temáticas y rutas con productos específicos. Además, la consejería quiere “encontrar las fórmulas para animar a los establecimientos del sector a aparecer en guías específicas y promocionarse hacia este colectivo”.

Con el fomento del turismo gay ya situado en el horizonte, la pregunta sería: ¿Cuál es la situación de partida en la Región de Murcia? Para Óscar García, presidente del colectivo No Te Prives, “aquí ese tipo de turismo existe a muy poca escala y no se conoce bien”. Por su parte Alipio, trabajador de la agencia de viajes Neverland Tours de Yecla, especializada en turismo gay, reduce su existencia en Murcia al ocio nocturno: “A nivel de locales de ocio, en la ciudad de Murcia hay más ambiente gay que en Alicante o que en Valencia, y está cerca de ciudades como Barcelona o Madrid, pero en cuanto a hoteles no está preparada aún. El alojamiento en Murcia es cien por cien heterosexual, no hay ni gay-friendly ni gay-exclusive, y claro, eso tira mucho para atrás”.

¿Segregación o integración?
El hecho de que haga falta un tipo de alojamiento especializado abre el interrogante: el turismo gay, ¿favorece la integración del colectivo homosexual, o por el contrario ahonda en la separación? Óscar García cree que el fomento del turimo gay “puede significar la normalización y la inclusión, pero se debe incluir una oferta cultural como mínimo; se pueden hacer cosas muy interesantes y romper ciertos tópicos”. Sin embargo, Alipio cree que el interés de los homosexuales cuando viajan es bastante sencillo: “Gays y lesbianas ya no buscan sólo fiesta y ocio, simplemente buscan no sentirse bichos raros, y que si están en la piscina, puedan darse un beso o cogerse de la mano como cualquier persona; que no les miren por encima del hombro”. En ese sentido, la clave para la integración estaría en algo tan elemental como la educación y la tolerancia más que en la segmentación, aunque resulte provechosa desde el punto de vista económico. En esa línea se expresa Rafael Moral, de la Confederación Española Colegas, quien opina que la consejería “no apuesta por una igualdad real sino por exprimirnos para hacer caja”.

El turismo es negocio, pero también puede ser herramienta de desarrollo social. Por ejemplo, en países pobres como Santo Domingo, ¿repercute en beneficio de la población local o sólo en el de las grandes cadenas hoteleras, propietarias de los resorts de lujo? La respuesta está clara, pero siempre hay turistas que atraviesan la barrera, ven la realidad y la transmiten al volver a casa. No todos los cambios son lo que parecen, y otros lo son, pero van más despacio de lo que quisiéramos. Los gays ya tienen un colectivo y hacen turismo, mientras intentan normalizar sus vidas y formar parte de la sociedad.


viernes, 23 de marzo de 2012

Lluvia

  • Que te guste la lluvia siendo padre en edad de criar, tiene mérito:

Lo digo porque el agua que cae del cielo no es que facilite la labor de reparto y entrega de hijos en colegios. Sus efectos negativos se multiplican por cada uno de los niños que tengas que transportar. Pongamos que tienes dos hijos, que uno va a un colegio y el otro va a una guardería. Pongamos también que no tienes más remedio (maldita sea tu estampa) que ir en coche porque uno de los centros de enseñanza está más lejos y porque luego tienes que ir a trabajar. Pues bien, sal de casa; mete a los niños en el coche, quítales los abrigos y ponles en cinturón; entra tú en el coche, quítate el abrigo y ponte el cinturón; conduce hasta el primer colegio, llega y aparca; ponte el abrigo, coge al paraguas y sal del vehículo; saca el carricoche y pregúntate: ¿con qué mano lo abro?; deja el paraguas sobre el coche y abre el carricoche mientras te mojas; sigue mojándote un poco más para desplegar el plástico-burbuja con el que debes cubrir el carricoche; abriga al primer niño, sácalo del coche y siéntalo en el carricoche sin que le caiga ni una gota de agua; luego haz lo propio con el segundo niño. Ya puedes sujetar el paraguas con una mano y hacer un esfuerzo para mover el carricoche doble con la otra, mientras las gotas que previamente has recibido resbalan por tu cara. 

La lluvia sigue cayendo. Bendice al que ha aparcado justo sobre a la rampa de la acera; bendice al que pasa a toda leche por la calle, pisa un charco y te salpica; bendice a otro que tiene prisa y que hace sonar el claxon como un poseso; llega al colegio número uno, deja al primer hijo y regresa a tu vehículo. Mete al segundo niño, quítale el abrigo, ponle el cinturón; deja el paraguas sobre el coche y mójate mientras quitas el plástico-burbuja, pliegas el carricoche y lo metes; coge el paraguas, ciérralo y métete en el coche; quítate el abrigo, ponte el cinturón y conduce hasta el colegio número dos. Cuando repitas la operación de reparto y el segundo niño esté en su cole, ya podrás entregarte con alegría a la tarea de llegar al trabajo y buscar aparcamiento en las inmediaciones, pero antes de eso, disfruta del trayecto. Disfruta de los conductores que creen que el hecho de que llueva es como un "living-la-vida-loca". Creen que cuando llueve no hay normas de tráfico, que todo vale menos el semáforo en rojo y la buena educación. Cuando llueve las rotondas son un concurso para ver quién es más idiota, y los idiotas se lo toman muy en serio. Siempre ganan. 

Tiene mérito que sea padre en edad de criar y me guste la lluvia. Me gusta hablar de la lluvia a mis hijas, de lo bien que huele la tierra mojada, y ver cómo cae el agua del cielo y moja las calles, ver las ramas de los árboles reverdecer, el aire limpiarse. Me gusta explicarles ese fenómeno tan natural y cada vez menos frecuente. Pero no quiero pensar en la frecuencia, no lo pienso, no me quiero preocupar más. Prefiero disfrutar de la lluvia cuando viene aunque me cale entero, aunque me enfade con los conductores idiotas y aunque me cueste un trancazo como el que ahora cargo. Cuando llueve por la mañana y al fin llego al trabajo, y sé que mis niñas están en sus respectivos colegios aprendiendo cosas, y que el ciclo de la naturaleza todavía sigue su curso, me digo: ¡Cuánto me gusta la lluvia! 

Imagen: fotowaton.blogspot.com.es

  • Triste y olvidado como un paraguas en Murcia:

Es cierto que en Murcia tradicionalmente llueve poco, aunque en estos tiempos llueva aún menos. Emprendedores, que tanto se habla de vosotros aunque nadie sepa dónde estáis, os doy un consejo: no pongáis una fábrica/tienda de paraguas en esta ciudad, como una que vi en un barrio londinense hace tiempo: pedazo de megatienda de paraguas, tronco. Aquí no, eso no tendría éxito. O bueno, quizá sí. Pobretico ser paraguas en Murcia y sentir que se te tiene tan poco aprecio. No es nada personal, es que llueve poco. A veces lo cogemos antes de salir de casa, en un arranque de optimismo, y luego no cae nada, y tenemos que cargar con él todo el día. Otras veces el paraguas murciano se queda en casa, y salimos y nos cae la del pulpo. ¿Qué pensará el paraguas entonces, ahí, solo y seco? "Me cago en la puta, pa una vez que llueve y el jilipollas éste se va sin mí". Menuda oportunidad perdida, pensará, pero no sé qué es peor: otras veces amanece lloviendo, nos acordamos de cogerlo y allá que sale el paraguas murciano de su armario, más a gusto que un arbusto, y luego a media mañana deja de llover y nos lo dejamos olvidado donde estemos: en la caja de ahorros, en la consulta del médico, en un museo, en un bar... "Eso es lo que me quiere, el tío... Así me paga que le proteja de la lluvia", se dice nuestro paraguas en una triste papelera reconvertida en paragüero. "Me deja en la basura", piensa. Ahora que sale el tema, otro consejo para emprendedores: peor que abrir una tienda de paraguas en Murcia, es abrirla de paragüeros. Aquí lo que se lleva es la papelera reconvertida, con o sin bolsa y con o sin residuos previos. 

El paraguas de Murcia suele romperse. Se conoce que de estar tanto tiempo en el armario, rozándose con todo, cayéndose cada vez que sacamos el abrigo (otro pobretico de la vida murciana), sufriendo los juegos de algún niño... Al final se le saltan las varillas, se casca. En eso el paraguas murciano no puede tener queja, que aunque se nos rompa, no lo tiramos. "Me puede venir bien", pensamos, pero a quien no le viene bien es a la persona a la que le sacas un ojo caminado por la acera. Yo no es que sea muy alto, pero vamos, estoy por encima de la altura media y por eso existe un riesgo potencial de que me saquen un ojo con la varilla de un paraguas defectuoso. En Murcia no sabemos llevar paraguas, no estamos acostumbrados y luego pasa lo que pasa. Otro aspecto de los paraguas locales en el que me he fijado es que suelen ser feos de cojones. En otra entrada de este mismo blog, la que dediqué a Roma, hablé de mis paraguas. Tengo ejemplares del estilo murciano, sobriamente sosos y feos, y tengo de los italianos turísticos, decorados con cuadros de Boticelli y de Rafael. Son mis favoritos pero son pequeños y no muy buenos. Se rompen con mirarlos. En los últimos años se suman a la colección los paraguas de color rosa y de Hello Kitty. No tengo reparos en pasearme con ellos, he aprendido a apreciar el color rosa. Aunque eso sí, su tamaño da para cubrirme la mano, un hombro y media cabeza. ¿Y qué más da? Con trancazo o sin él, también da gusto mojarse.


  • Alquilo mi ventana:

Un leitmotiv del cine universal es el tío o la tía melancólicos mirando la lluvia a través de la ventana. Alguien, en algún momento y lugar, pensó que la escena tendría una potente fuerza evocadora; que ver el careto triste del personaje y el agua resbalando por el cristal sería hondamente emotivo. Lo que sorprende es que nadie dijera: "macho, es imposible que ese caso se dé en la vida real, al menos en España". Siempre te saldrá alguien gritando "¡Baja la persiana, que se mancha el cristal!", y "¡Cómo se nota que tú no tienes que limpiarlo!". Sin duda, toda la emoción y la tristeza se desvanecerían al instante. "¡Déjame, coño, que estoy triste!"... Nada, ya se nos ha chafado la escena. Y de esa misma escena también se han hecho parodias en el cine, por supuesto, algo que viene mucho mejor. En cualquier caso, si alguien está triste, y ve que se va a poner a llover y que a lo mejor le apetece mirar el agua resbalando por un cristal, que me avise. Alquilo mi ventana. A mi mujer no le hace gracia, pero yo le he dicho que me reservo una para tal menester. Triste o no triste, el caso es que me gusta ver llover. No me importa tanto que se moje el cristal como que me moje yo. La única pena es que no llueva más, así que desde la perspectiva de un murciano, la escena melancólica debería ser otra: ver el careto triste de un tío o de una tía mirando cómo el sol abrasa el cristal.

  • La mejor nana:

Me encanta que llueva por la noche y escucharla desde la cama. La lluvia es la mejor nana.



Crisis de valores y de sistema.